El 84,4% prefiere quedar en persona antes que usar redes sociales
MÁLAGA - La Universidad de Málaga, a través del Centro de Investigación Social Aplicada (CISA), y en colaboración con la Asociación Cerveceros de España, ha elaborado un estudio sobre la contribución el consumo social de cerveza al bienestar y la vida cotidiana, cuyo resumen fundamental es que los españoles siguen atribuyendo un valor primordial al encuentro presencial.
De hecho, en una sociedad en la que buena parte de las relaciones cotidianas están cada vez más mediadas por pantallas, los ciudadanos continúan prefiriendo el contacto con los demás. Y uno de los espacios en los que esa presencialidad se materializa de manera más recurrente continúa siendo el bar, alrededor de prácticas tan cotidianas como quedar a tomar una cerveza.
Se trata del primer estudio sociológico realizado en España específicamente sobre el uso social de la cerveza, y analiza tanto a consumidores como a no consumidores. Este trabajo ha sido presentado hoy en el Rectorado, en un acto presidido por el vicerrector de Investigación de la UMA, Pedro Maireles, acompañado por el director y el subdirector del CISA -los catedráticos de Sociología Félix Requena y Luis Ayuso, respectivamente- y por Jacobo Olalla, director general de Cerveceros de España.
El título del estudio empieza con las palabras ‘La cerveza Social’, e incide en tomar una cerveza o ‘quedar a tomar algo’. Porque este trabajo no avala el consumo de cerveza, sino que analiza el hecho del contacto humano en torno a una bebida y la importancia de “quedar para vernos” en el bar, “un auténtico dinamizador de relaciones”, según han explicado los integrantes de la mesa de presentación.
4.002 entrevistas
La investigación se apoya en 4.002 entrevistas válidas realizadas a población mayor de 18 años de todo el territorio nacional, de las que 3.008 corresponden a consumidores de cerveza y 994 a no consumidores. La muestra fue diseñada por áreas Nielsen, aplicando cuotas de sexo y edad, y el trabajo de campo se realizó mediante panel online entre el 5 de mayo y el 8 de junio de 2026. Para el conjunto de los datos, el error muestral es de ±1,55% con un nivel de confianza del 95%.
Los investigadores han analizado hábitos de relación, lugares y frecuencia de encuentro, interacción digital y presencial, rituales compartidos, sentimiento de pertenencia, comportamientos generacionales y diferentes indicadores de bienestar. El resultado dibuja una sociedad en transformación tecnológica, pero en la que determinadas prácticas de encuentro siguen actuando como mecanismos cotidianos de conexión social.
Del contacto digital al encuentro presencial
Uno de los resultados más significativos se produce cuando se plantea directamente a los encuestados la elección entre ambas formas de relación. Ante la posibilidad de escoger entre utilizar internet o quedar a tomar una caña con un amigo, el 84,4% de los consumidores elegiría “sin duda” o “probablemente” el encuentro presencial, mientras que solo un 3,2% se decantaría por las redes sociales.
La preferencia no desaparece entre los más jóvenes. El análisis generacional muestra que se mantiene desde los baby boomers hasta la generación Z, lo que cuestiona la idea de que la extensión de las relaciones digitales esté sustituyendo necesariamente a los encuentros físicos.
Además, el 83,5% de los consumidores considera que quedar a tomar algo ayuda a conectar fuera de las pantallas. El estudio sugiere así una relación complementaria, y no necesariamente sustitutiva, entre ambos mundos: las herramientas digitales facilitan mantener el contacto, pero una parte relevante de ese vínculo continúa desarrollándose presencialmente.
El bar como ‘tercer lugar’: pertenencia más allá de la casa y el trabajo
Los resultados permiten observar también el papel que siguen desempeñando los establecimientos de hostelería en la estructura relacional de los barrios. El 92,7% de los consumidores señala bares, restaurantes o cafeterías como espacios en los que ha consumido cerveza durante el último mes, por delante incluso del propio hogar, citado por el 79,3%.
Pero el vínculo con estos espacios va más allá de su utilización. El 82,7% de los consumidores y el 73,7% de los no consumidores consideran que los bares y cafeterías contribuyen “mucho” o “bastante” a generar vida social y relaciones entre los vecinos de su barrio. La percepción se mantiene de manera muy homogénea entre sexos, edades y generaciones.
La investigación identifica además elementos característicos de lo que en sociología urbana se conoce como “tercer lugar”: espacios diferentes de la vivienda y el trabajo en los que se construyen relaciones informales y sentimiento de pertenencia.
El trato personal, ser reconocido por quienes trabajan en el establecimiento, encontrar conocidos sin haber quedado previamente o conversar con otras personas forman parte de esa experiencia. El propio informe apunta que, en una sociedad con una presencia creciente de relaciones digitales, el trato humanizado puede adquirir todavía mayor valor social.
Una sociabilidad que conserva sus propios rituales
El estudio ha analizado también algo menos visible: las normas no escritas que acompañan al encuentro alrededor de una cerveza. El 80,8% espera a que todas las personas de la mesa tengan su comida antes de empezar, el 73,3% acostumbra a pedir alimentos para compartir y el 55,4% realiza algún tipo de brindis antes de beber.
Son comportamientos aparentemente pequeños, pero sociológicamente significativos porque reflejan la existencia de una cierta ritualización del encuentro: esperar, compartir, brindar, conversar y permanecer juntos forman parte de la experiencia.
La cerveza aparece así menos como una finalidad independiente que como uno de los elementos alrededor de los cuales se organiza ese tiempo compartido. Eso se observa también en los motivos declarados para quedar: el 85,5% señala disfrutar del momento, el 71,6% cuidar sus relaciones sociales y el 71,4% celebrar algo especial.
Amigos, parejas y familias: una práctica transversal a las generaciones
La investigación confirma igualmente el carácter relacional de esta práctica. El 82% de los consumidores había quedado durante el último mes para tomar una cerveza con amigos; el 69,3%, con su pareja; y el 49,6%, con otros familiares.
Además, un 74,1% había quedado con alguien para tomar específicamente una cerveza o una caña esa misma semana o la inmediatamente anterior, sin que existiera necesariamente otro motivo para el encuentro.
Lejos de ser una práctica circunscrita a una generación determinada, los datos muestran patrones relativamente transversales. El sábado es el principal día de encuentro —el 85,1% lo menciona— y reúne a todas las generaciones, aunque jóvenes y mayores distribuyen sus momentos de socialización de manera diferente a lo largo de la semana.
La investigación sí encuentra algunas transformaciones culturales. Una de ellas aparece en la manera de afrontar la cuenta: mientras que en pareja es más frecuente que una única persona pague y en familia se mantienen fórmulas rotatorias, entre amigos gana peso el pago individual, especialmente entre los grupos más jóvenes.
Se trata de un indicio de cómo cambian determinados códigos de comportamiento sin que desaparezca el encuentro que los contiene.
Qué ocurre después de quedar
La investigación preguntó también por las sensaciones experimentadas después de estos encuentros. Entre quienes habían quedado a tomar una cerveza con otras personas, el 86% afirma haber sentido que el tiempo había pasado rápidamente; el 83,3%, estar de mejor humor.
De nuevo, el interés de estos resultados reside menos en atribuir dichos efectos al producto consumido que en analizar qué ocurre alrededor de una práctica de ocio presencial, compartida y recurrente.
“Los datos muestran es la importancia que tiene participar en redes de sociabilidad, encontrarse con otras personas y disponer de espacios cotidianos donde esas relaciones puedan desarrollarse”, señala Luis Ayuso.
La moderación, integrada en el modelo de encuentro
El análisis de los patrones de consumo ayuda también a contextualizar estos resultados. El 74,1% de quienes consumen cerveza con alcohol declara tomar habitualmente una o dos unidades por ocasión, un comportamiento que el estudio identifica como predominante con independencia del sexo y que se acentúa con la edad.
Paralelamente, la cerveza sin alcohol presenta una presencia significativa: el 35,3% de los consumidores declara tomarla a diario, casi a diario o durante fines de semana y festivos.
Una práctica que se protege incluso cuando se reduce el ocio
El estudio incorpora finalmente una dimensión económica que permite medir indirectamente el valor atribuido a estos encuentros. Cuando los encuestados deben señalar qué partida reducirían ante la necesidad de ajustar sus gastos de ocio, salir a tomar algo fuera aparece entre las actividades más protegidas, por detrás de otras renuncias como los viajes o determinadas compras personales.
Para los investigadores, el comportamiento ofrece otra señal de la importancia otorgada a aquellas actividades de ocio que permiten mantener relaciones frecuentes y próximas, frente a otras experiencias más extraordinarias o esporádicas.
Una fotografía sociológica de la vida cotidiana española
En conjunto, la investigación describe una sociedad más digital, con transformaciones generacionales evidentes y nuevas formas de relacionarse, pero en la que el encuentro físico sigue manteniendo una posición central.
Dentro de ese modelo, bares, cafeterías y restaurantes funcionan como espacios de relación accesibles y recurrentes. Y la práctica de “quedar a tomar una cerveza” aparece en los datos como uno de los rituales cotidianos que siguen movilizando encuentros entre amigos, parejas, familiares, compañeros e incluso desconocidos.
Más que estudiar una bebida de forma aislada, la investigación permite observar una determinada manera española de encontrarse, conversar, compartir y mantener relaciones sociales alrededor de ella.
“Para Cerveceros de España, lo valioso de este estudio es precisamente haber sometido a análisis científico algo que forma parte de nuestra vida cotidiana y que muchas veces damos por supuesto. Ahora comprendemos qué ocurre socialmente alrededor de una cerveza y con datos de investigadores especializados”, señala Jacobo Olalla, director general de Cerveceros de España.
Sobre el estudio
El Estudio sobre la contribución del consumo social de cerveza al bienestar y la vida cotidiana ha sido realizado por el Centro de Investigación Social Aplicada (CISA) de la Universidad de Málaga, por encargo de Cerveceros de España. El equipo investigador está integrado por Luis Ayuso Sánchez, José Manuel García Moreno y Nicolás Ureña Bautista.
El trabajo de campo comprende 4.002 entrevistas válidas a población adulta residente en España, incluyendo consumidores y no consumidores de cerveza, con representación de todo el territorio nacional.



