Durante el 2020 se han registrado más muertes por suicidio que por coronavirus entre los menores de 50 años
MÁLAGA- La pandemia se está convirtiendo en una enfermedad silenciosa que está repercutiendo negativamente a la salud mental de millones de personas. En Málaga existe un número de teléfono gratuito que gestionan una serie de voluntarios especializados en la escucha activa y formados para activar las capacidades de las personas en crisis, conocido como el 'Teléfono de la Esperanza'. Durante el año 2019 se recibieron en la provincia costasoleña un total de 8.000 llamadas, en 2020, 13.300 y en el pasado año 2021, un total de 17.070. Este notable crecimiento evidencia la necesidad de atención psicológica por parte de los malagueños, que ven cada día más agravada su estabilidad emocional.
Según los expertos, durante el 2020 se han registrado más muertes por suicidio que por coronavirus entre los menores de 50 años. Día tras día vemos cómo los hospitales y centros de salud están saturados, y no hay suficientes profesionales para cubrir las necesidades de tantos pacientes. Pero, hay una necesidad emergente que no se ve: la de sostener una salud mental quebradiza, que cada día pende más del hilo del raciocinio. Además de secuelas físicas, el coronavirus está dejando una gran cantidad de secuelas mentales.
La psicóloga clínica en el Teléfono de la Esperanza, Aurelia González, ha explicado a Málaga Actualidad que desde que empezó la pandemia están aumentando los casos de depresión, ansiedad y trastornos obsesivos y que la gente necesita más apoyo a nivel emocional y a nivel psicológico. Ha asegurado que también han crecido los casos de soledad, la cual influye en el estado de ánimo y en la manera de vivir la vida de algunas personas, que suelen ver el presente y el futuro de forma más negativa. Según la psicóloga, dentro del sistema de sanidad pública hay un déficit en cuanto a las consultas de psicólogos. "Falta personal y las consultas no se pueden dar de manera inmediata, por lo tanto, la frecuencia de las consultas se alarga mucho más de lo necesario" ha afirmado.
Para González, lo primero y fundamental que se debe hacer cuando se detecta que alguien cercano se encuentra en una situación emocionalmente complicada, y que, además es uno de los lemas del Teléfono de la Esperanza, es escuchar. Escuchar cuáles son sus miedos, sus angustias y no juzgarlos. La psicóloga ha puntualizado que no se debe quitar importancia a sus problemas poniendo de ejemplo que "peor están otras personas" puesto que cada cual asimila las cosas de una manera distinta, aunque se haga para disminuir la angustia de esa persona y que tampoco se deben "dar demasiadas recetas" de cómo deberían afrontar sus adversidades. "Lo importante es escuchar, acompañar y finalmente derivar a esa persona a un profesional", ha finalizado. Respecto al aumento de los casos de suicidio, la experta ha comentado que "es fundamental que se ponga de manifiesto, y que los medios de comunicación ayuden a que visibilice y se hable sobre él, eso sí, de una manera siempre respetuosa".
La psicóloga de los Servicios Sociales, Lara de la Fuente, al igual que González, también ha notado un marcado declive de la salud mental. Durante su jornada, encuentra múltiples casos de depresión, ansiedad e incluso de agorafobia, que es un trastorno de ansiedad caracterizado por la presencia de ansiedad en lugares o situaciones de los que es difícil escapar o en los que si aparece una crisis de angustia o síntomas, puede no disponerse de ayuda. Explica que el miedo a contagiarse hace que la ansiedad aumente exponencialmente, y por lo tanto también los intentos de suidicio provocados por la depresión. "A este tipo de pacientes les cuesta mucho abrirse e ir a un psicólogo, como la situación no para de prolongarse y parece que no hay fin, provoca mucha incertidumbre y más casos similares" ha señalizado.
Sara Martín es una chica, cuya identidad desea mantener en el anonimato, que en los últimos años ha visto gravemente afectada su salud mental y que ha querido reflejar sus sentimientos con el objetivo de visibilizar la situación que está viviendo. Martín ha coincidido con de la Fuente en el reciente aumento de la ansiedad que ha tenido. "En lo que respecta a mí sigo sin dar el paso a ir al psicólogo, soy consciente de que lo necesito, ya que me he hecho daño a mí misma de muchas maneras y estoy viva por suerte, no por elección mía. Sé que es importante para mí y para mi futuro que reciba ayuda, yo quiero recibir ayuda, pero me da miedo por varias razones: me da miedo admitir que hay un problema que no puedo solucionar por mí misma y me da miedo la reacción que pueda tener mi familia, en especial la de mi madre, ya que ella no cree que la ayuda para la salud mental sirva para algo y tiene opiniones muy fuertes en lo que respecta a la medicación, lo que me ha transmitido siempre es que la gente que va al psicólogo es gente que busca una excusa para no ir a trabajar".
Lara de la Fuente, además, es psicóloga experta en conflictos familiares y ha añadido que casos como el de Martín, no han hecho más que aumentar y agravarse con el tema del confinamiento, pues los adolescentes ven restringidas sus salidas, lo que produce un aumento de la ansiedad y una afectación del autoestima. "Nunca había encontrado a un adolescente explicando tan bien lo que es una depresión" ha insistido la psicóloga.
Para Martín, la salud mental es también salud física, los efectos negativos en tu cuerpo, en tu bienestar físico y social que tienen la depresión, la ansiedad, problemas alimentarios o déficit de atención... "tales como falta de higiene corporal, ignorar que tienes hambre o por el contrario, ahogar tu ansiedad en comida, no tener energía como para alimentarte correctamente si decides comer, interactuar con otras personas se vuelve tedioso y una obligación, cosas como ir a clase, salir con amigos, leer, hacer deporte, pierden su luz y se convierten en obligaciones cuando solo quieres dormir" ha señalado.
Ambas psicólogas coinciden en que la Seguridad Social no facilita que la sociedad acuda a un psicólogo, sobre todo debido a la falta de ellos y que por lo tanto se trata de un proceso largo y tedioso. "En primer lugar el médico de cabecera suele mandar pastillas sin estar especializado en ese tipo de farmacología para hacer un cribado, y cuando finalmente se consigue acceder a un psicólogo de la Seguridad Social, si el paciente tiene suerte, le dan cita cada tres meses. Además, los psicólogos no dan pautas a los padres para ayudar a sus hijos porque tampoco tienen tiempo para ello" ha apuntado de la Fuente.
Es un largo trayecto en el que hay momentos muy complicados anímicamente, como ha plasmado, en este caso Sara Martín: "Mis amigos y seres queridos o no saben que me siento así o no lo llegan a comprender, así que no saben porque no salgo o porque ya no llamo como antes. Lo cierto es que solo estoy cansada. Es la palabra más fácil que se me ocurre para describir como me siento día a día, me siento exhausta, solo quiero y puedo dormir, porque así no pienso ni recuerdo ni me frustro al intentar trabajar en cosas de la universidad sin poder hacerlo bien, dormida ni siquiera sueño, solo pasa el tiempo. Pero en situaciones sociales está mal visto estar mal, por eso también aprendes a fingir estar bien, lo cual es agotador. Es agotador reírse o hablar de cosas que te parecen banales, y no porque lo sean, sino porque estas tan cansado que fallas en ver su interés o importancia. Llega un momento en el que todo te da igual, a mí ahora mismo muchas cosas que antes me importaban me dan igual, cosas que me importan ahora me están comenzando a dar igual. Me asusta que todo me llegue a dar igual, porque mis seres queridos no me dan igual, mi futuro no me da igual, y sobre todo porque no quiero morir".



