La muestra permite observar la evolución del artista en la última década
MÁLAGA - El Centro de Arte Contemporáneo de Málaga presentó esta mañana la exposición titulada "Tomando distancia" que constituye la primera muestra individual de Carlos León en nuestra ciudad. La exposición compuesta por más de cuarenta obras de gran formato agrupadas en ocasiones como polípticos o ensamblajes, permiten observar la evolución del artista en la última década, incluyendo como primicia once obras creadas durante el último año. Sus pinturas más recientes exploran nuevas líneas de trabajo, ofreciendo al visitante los primeros resultados del proceso de reflexión, de depuración y de experimentación en el que el pintor se halla inmerso en la actualidad.
El título elegido para la muestra Tomando distancia hace referencia a una observación de Theodor W. Adorno en la que afirma que "la distancia no es una zona protegida, sino un campo de tensión". Esta exposición muestra un momento de transición en la trayectoria artística de Carlos León.
La trayectoria artística de Carlos León se caracteriza por su investigación continua en la exploración de los límites del soporte, Carlos León fue uno de los introductores en España del movimiento de los años 70 llamado Support Sufrage, que planteaba el hecho pictórico tomando de referencia a ciertos pintores del expresionismo abstracto americano.
Sus pinturas características por el trazo que se producía al pintar directamente con las manos impregnadas de óleo sobre un soporte pulido, ha sido sustituido por el obtenido mediante el uso de brochas, rodillos o grandes espátulas aplicadas sobre la madera, dando paso a una abstracción de mayor calado. Carlos León consigue de este modo, encontrar el equilibrio entre la composición y el color.
Asimismo, la indagación pictórica del color queda reflejada en sus pinturas con la creación de su propia arquitectura cromática. Los colores más relevantes en las pinturas de Carlos León engloban un amplio espectro de la paleta cromática como los carmines, los marrones y óxidos, el azul índigo y los negros, el rosa, los verdes y los amarillos.
En adición, la temática recurrente en sus obras como los paisajes, los jardines, la sensualidad o la carne entendida como una dualidad entre la caricia y la herida, goce y sufrimiento, ha sido reemplazada por la memoria de los años vividos en Nueva York, sus malas calles, sus interiores postindustriales y la mezcla de recuerdos de una infancia en el medio rural de la postguerra, vivida entre tapias de adobe, desvanes de madera y grandes puertas labradas por las inclemencias.


