Tendrá lugar el 3 de marzo
MÁLAGA.- El artista y abogado José Manuel Cabra de la Luna participará en el ciclo 'A pie de obra', una serie de charlas, interpretaciones subjetivas o académicas; en torno a las obras de La Colección del Centre Pompidou Málaga. Estas conferencias tienen un marcado carácter íntimo que propician la cercanía entre los asistentes y los ponentes, así como con las obras; por lo que el aforo está limitado a 25 personas previa recogida de la invitación en la recepción del centro. El acto tendrá lugar el jueves 3 de marzo a las 18:30 horas.
La pieza elegida por José Manuel Cabra de Luna, presidente de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, es 'Autorretrato' de Zoran Mušič, una obra marcada por el recuerdo desgarrador de la experiencia atroz de sus años internado en el campo de concentración de Dachau. El autorretrato de Mušič es la imagen de un hombre que se mira al espejo y ve un fantasma que es el suyo y el de los miles que vio morir.
Zoran Mušič nacido en Gorizia cuando esta ciudad pertenecía al imperio austrohúngaro, se fue a vivir a Venecia en 1943. Un año después le deportaron al campo de concentración de Dachau por su actividad en la resistencia. El mundo "absurdo, alucinante, irreal" de los campos de concentración ocultado en la posguerra por "unos cuadros llenos de luz, felices, alegres" de paisajes de Siena y Umbría, de pequeños jinetes, resurgió en su obra tardía con los ciclos dibujados, pintados y grabados de 'Nous ne sommes pas les derniers'.
El autorretrato también ocupa un lugar central en su pintura. "El autorretrato nunca ha sido para mí ni una prueba ni un riesgo. Es lo que tengo en mi interior y lo que he intentado sacar afuera, con severidad. Cuanto más severo es uno consigo mismo, más logra ser sí mismo. Para mí ser severo significa ser sincero, no perdonarme nada, ni siquiera las cosas de mí mismo que no querría saber y menos aún ver".
En la serie de los autorretratos de 1986-1988 el artista se representa a menudo sobre fondos oscuros, en primeros planos estrictamente frontales, mirándonos en un cara a cara dramático que recuerda los autorretratos de Goya, descubiertos en su juventud. Más intensa aún es esta imagen de sí mismo, minada por una materia cenicienta, volátil, que borra los trazos de los ojos apagados, los rasgos de ese rostro resignado, las formas de ese cuerpo desdibujado. "Me bastaría con que se me recordara como una ligera brisa".




