El periodo posterior al alta es una fase crítica y dinámica
MÁLAGA - El periodo posterior a un infarto de miocardio dista mucho de ser la fase estable que tradicionalmente se ha asumido. Una investigación pionera ha demostrado que, tras el alta hospitalaria, el metabolismo de los pacientes entra en una trayectoria dinámica e inestable, en la que el riesgo puede permanecer oculto a los análisis convencionales.
El estudio, publicado en Cardiovascular Diabetology, revela que una proporción significativa de pacientes experimenta un empeoramiento de su control de glucosa a los cuatro meses, incluso en personas sin diagnóstico previo de diabetes. Este hallazgo cuestiona la forma en que se monitoriza a estos pacientes y apunta a la existencia de un riesgo metabólico infradiagnosticado.
Se trata de un trabajo colaborativo que reúne a tres grupos de investigación de IBIMA: el grupo de Investigación Cardiovascular para la Salud -integrado también en el Centro de Investigación Biomédica en Red de Enfermedades Cardiovasculares (CIBERCV)-, el grupo de Obesidad, Diabetes y sus Comorbilidades -perteneciente al CIBER de Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBEROBN)- y el grupo de investigación en Corazón y Patología Vascular.
Por su parte, la investigación está liderada por los investigadores de IBIMA Arancha Díaz Expósito, investigadora del hospital Río Hortega, y Francesco Costa, investigador principal y coordinador del proyecto europeo ORACLE, financiado por el European Research Council de la Comisión Europea. En el estudio participan además el Departamento de Medicina de la Universidad de Málaga, así como los servicios de Cardiología del Hospital Universitario Virgen de la Victoria y del Hospital Regional Universitario de Málaga, entre otras instituciones, consolidando una red de investigación con una sólida base clínica y una clara proyección internacional.
Más allá del análisis de sangre
Hasta ahora, el seguimiento metabólico tras un síndrome coronario agudo se apoyaba en la hemoglobina glicosilada (HbA1c), un indicador que refleja el promedio de glucosa en los últimos meses, pero que no permite detectar las fluctuaciones diarias.
El proyecto ORACLE demuestra que esta visión es incompleta: mientras la HbA1c puede mantenerse aparentemente estable, la monitorización continua revela un deterioro real del control glucémico y un aumento de la variabilidad de la glucosa, un factor clave en el riesgo cardiovascular.
“La monitorización continua nos permite pasar de una ‘foto fija’ a una ‘vídeo en tiempo real’ de la salud metabólica del paciente”, explican los investigadores.
El estudio siguió de forma longitudinal a 213 pacientes de alto riesgo desde el alta hospitalaria hasta los cuatro meses. Los resultados muestran un patrón claro: tras una leve mejoría inicial en las primeras semanas, entre un 20% y un 40% de los pacientes empeora su perfil glucémico en el seguimiento a medio plazo.
La “ventana crítica” de la mañana
Uno de los hallazgos más llamativos del estudio es la identificación de una auténtica “ventana crítica” de riesgo metabólico: entre las 10:00 y las 12:00 de la mañana. En esta franja horaria, los pacientes presentan una mayor tendencia a la hiperglucemia, independientemente de si tienen diabetes o del día de la semana, lo que apunta a un patrón biológico consistente.
Este fenómeno sugiere que factores como los ritmos circadianos y el estrés tras el infarto influyen de forma decisiva en el metabolismo. La monitorización continua permite detectar estas alteraciones en tiempo real, abriendo la puerta a intervenciones más precisas y personalizadas en los momentos de mayor vulnerabilidad.
Hacia una medicina de precisión tras el infarto
La investigación identifica además factores como la hipertensión y la EPOC como predictores independientes del empeoramiento metabólico, lo que permite perfilar mejor a los pacientes con mayor riesgo.
“Anticiparnos a qué pacientes van a empeorar nos da una oportunidad clave: intervenir antes, ajustar tratamientos y optimizar los estilos de vida de forma mucho más eficaz”, destacan los investigadores.
En este contexto, la monitorización continua de glucosa emerge como una herramienta con potencial para transformar el seguimiento clínico tras un infarto. Más allá de los indicadores tradicionales, permite caracterizar con precisión el riesgo metabólico individual y avanzar hacia un modelo de medicina personalizada, capaz de actuar de forma temprana para prevenir nuevas complicaciones cardiovasculares.



