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Un estudio de la UMA reconstruye los humedales del sur de España de hace 1,5 millones de años

Un estudio de la UMA reconstruye los humedales del sur de España de hace 1,5 millones de años

Aves de Venta Micena en el humedal./ Universidad de Málaga

Analizan nuevos fósiles de aves hallados en el yacimiento de Venta Micena

MÁLAGA - Un nuevo estudio liderado por científicos de la Universidad de Málaga ha descrito los restos fósiles de tres especies de aves -un pato, una grulla y un cuervo-, identificados en el yacimiento paleontológico de Venta Micena (en el Geoparque de Granada), permitiendo caracterizar el extensísimo humedal que ocupaba la cuenca de Baza durante la época pleistocena.

La UMA lleva investigando desde hace décadas en este enclave granadino ubicado en Orce. Con este nuevo hallazgo, que ha sido publicado en la revista científica ‘Swiss Journal of Palaeontology’, se desvela información inédita sobre cómo serían los humedales del sur de España hace un millón y medio de años.

En concreto, el estudio de las decenas de miles de fósiles exhumados en Venta Micena, depositados en el Museo Arqueológico de Granada, ha revelado la existencia en la colección de 18 restos atribuibles a aves, siete de ellos conservados con suficiente integridad anatómica como para ser asignados a especies concretas.

Así, a partir de estos “huesecillos fragmentarios”, según señalan los investigadores, se ha podido poner de manifiesto la existencia de tres aves diferentes, cada una de las cuales aporta una información muy valiosa sobre los ambientes del humedal e incluso sobre la ecología de la comunidad de animales que habitaba en ellos.

Especies exhumadas y su papel clave en el ecosistema

La primera es un pato, el tarro blanco, cuyo nombre científico es Tadorna tadorna. “Actualmente se le ha visto invernando ocasionalmente en El Baíco, un pequeño humedal situado entre las ciudades de Baza y Benamaurel, pero su hallazgo en el yacimiento de Venta Micena, cuyos restos se acumularon durante la estación estival, sugiere que hace un millón y medio de años esta especie se reproducía también en la cuenca de Baza”, afirma el catedrático de Paleontología Paul Palmqvist, uno de los autores de este trabajo.

Por otro lado, continúa el investigador de la UMA, el tarro blanco se alimenta de pequeños invertebrados, como los caracoles del género Hydrobia, bien documentados en los yacimientos orcenses. “Estos caracoles viven en aguas de salinidad variable, por lo que la presencia del pato nos indica que en las inmediaciones del gran lago de Baza habría charcas sujetas a una intensa evaporación, en las que aumentaría la salinidad”.

La segunda especie es una grulla, de mayor tamaño que la grulla común actual, Grus grus. La especie, asignada preliminarmente a Grus cf. primigenia, representaría el registro más antiguo conocido hasta el momento en Europa de las grullas gigantes del Pleistoceno. La anchura del hueso fósil del antebrazo identificado es mayor que en la grulla actual, lo que sugiere que este animal era más pesado. “Las grullas son aves omnívoras típicamente asociadas con ríos y humedales, por lo que su presencia en el gran lago de Baza no resulta insólita”, asegura.

Finalmente, la tercera especie identificada en Venta Micena es un cuervo, en concreto, la subespecie Corvus corax antecorax. Nuevamente, se trata del registro más antiguo de estos animales en la península Ibérica. Su interés radica en el papel que desempeñó en los ecosistemas del Pleistoceno, ya que habría consumido una porción apreciable de la carne disponible para los depredadores y carroñeros de la paleocomunidad.

Un extenso humedal de más de 1.000 km2

Los paisajes semidesérticos de la depresión de Guadix-Baza, en el altiplano granadino, son conocidos como ‘badlands’ y están escasamente poblados por la vegetación, lo que contrasta con el paisaje de la región en el que habitaron estas aves durante la época pleistocena, cuando las precipitaciones triplicaban las actuales. “En aquel entonces existía un extenso humedal en la cuenca de Baza, con una superficie de más de 1.000 km2. Estaba alimentado, principalmente, por las aguas de un sistema fluvial procedente de la cuenca de Guadix, que traía agua desde Sierra Nevada, y por las emanaciones de abundantes manantiales hidrotermales, que aportaban aguas cálidas y sales al gran lago”, señala el profesor de la UMA Francisco Serrano, que también ha liderado esta investigación.

Serrano explica que, en el entorno de este inmenso humedal, que debió ser un auténtico vergel, se desenvolvía una fauna diversa de grandes mamíferos, que recuerda a los ecosistemas modernos del África subtropical. “Así, por el altiplano granadino deambulaban animales exóticos, como grandes elefantes, hipopótamos que doblaban en masa corporal a los actuales y muchos otros herbívoros, conjuntamente con los carnívoros que depredaban sobre ellos, en particular los félidos con dientes de sable y las grandes hienas carroñeras, del tamaño de una leona moderna”, subraya.

A esta fauna, bien conocida a partir de las excavaciones en los yacimientos paleontológicos de Orce, el caso de Venta Micena, Fuente Nueva-3 y Barranco León, se le sumarían los primeros humanos que habitaron en Europa occidental, cuya presencia quedó documentada en los dos últimos yacimientos a partir de industrias líticas (piedras talladas), marcas de su actividad con ellas sobre los huesos y, en el caso de Barranco León, un diente de leche humano.

“Es mucho lo que ya sabemos sobre la fauna pretérita de grandes mamíferos gracias a los yacimientos orcenses, que son uno de los grandes recursos patrimoniales que atesora el Geoparque de Granada. Ahora bien, hasta ahora no conocíamos prácticamente nada de las aves que debieron habitar también en estos extensos humedales. La razón es sencilla: a diferencia de los huesos y dientes de los mamíferos, los huesos de la mayoría de las aves son pequeños, con una superficie cortical exterior muy fina y, además, están neumatizados (son huecos). Esto los aligera para el vuelo, pero los hace menos resistentes a las agresiones externas. Además, las aves carecen de dientes, que son los elementos más mineralizados y, por eso, más perdurables como fósiles. Por ello, en el yacimiento, donde hienas capaces de fracturar hasta los huesos de un gran elefante fueron quienes acumularon los restos esqueléticos, la conservación de las aves resulta anecdótica, no habiéndose documentado hasta el momento sus fósiles”, concluyen los investigadores de la Universidad de Málaga.

‘Avian remains from Venta Micena (Baza Basin, Granada Geopark) shed light on the Early Pleistocene wetland environments and trophic dynamics of the Southern Iberian Peninsula’ es un trabajo multidisciplinar en el que también han participado científicos de las universidades de Sevilla, Alcalá, Complutense de Madrid y del ICREA e Instituto de Paleoecología Humana-IPHES de Tarragona.

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