Los investigadores compararon los efectos de ambas dietas en 64 participantes
MÁLAGA- Una reciente investigación científica liderada por profesionales malagueños ha arrojado luz sobre cómo lo que comemos no solo transforma nuestra báscula, sino también nuestra salud mental. El estudio, liderado por el director científico e investigador responsable del grupo Obesidad, diabetes y sus comorbilidades: prevención y tratamiento de IBIMA, Francisco J. Tinahones, junto a la investigadora senior de IBIMA Virginia Mela, demuestra que la dieta mediterránea es más efectiva que la dieta cetogénica (keto) para mejorar la depresión en pacientes con obesidad. Francisco J. Tinahones es, además de director científico de IBIMA, jefe de Endocrinología del Hospital Universitario Virgen de la Victoria, dependiente del Servicio Andaluz de Salud (SAS) de la Junta de Andalucía y catedrático de la Universidad de Málaga y presidente de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).
El trabajo, en el que también participa el Centro de Investigación Biomédica en Red de Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBEROBN) del Instituto de Salud Carlos III, explora el complejo eje intestino-cerebro para entender por qué diferentes intervenciones dietéticas afectan de forma distinta al bienestar emocional.
Pérdida de peso frente a bienestar mental
La obesidad y la depresión mantienen una relación bidireccional: la obesidad puede derivar en depresión debido al estigma social y cambios biológicos, mientras que la depresión puede fomentar la obesidad por alteraciones en el comportamiento alimentario. Durante tres meses, los investigadores compararon los efectos de ambas dietas en 64 participantes. Los resultados mostraron que, si bien la dieta cetogénica fue más eficaz para la pérdida de peso, la dieta mediterránea logró una mejora significativamente mayor en las puntuaciones de depresión.
Curiosamente, la dieta cetogénica mostró un beneficio específico: la reducción de la impulsividad (en la subescala de urgencia), lo que podría explicar por qué estos pacientes logran perder peso más rápidamente al controlar mejor sus impulsos inmediatos.
El veredicto de la microbiota
Para profundizar en estos hallazgos, el equipo realizó trasplantes de microbiota fecal de los participantes a ratones sanos. Los ratones que recibieron la microbiota del grupo "keto" desarrollaron comportamientos relacionados con la ansiedad, como una menor exploración de espacios abiertos y movimientos estereotípicos de estrés.
Este fenómeno se vinculó a cambios drásticos en las bacterias intestinales. Mientras que la dieta mediterránea aumentó géneros beneficiosos como Akkermansia, la dieta cetogénica provocó una disminución de bacterias protectoras como Bifidobacterium y Eubacterium, las cuales producen ácidos grasos de cadena corta esenciales para regular la inflamación y proteger el cerebro.
Compensación metabólica en el cerebro
El estudio también analizó los metabolitos en el cerebro de los modelos animales. En los receptores de microbiota "keto", se detectó un aumento de sustancias como la taurina, la alanina y la betaína. Según los investigadores, este incremento podría ser un mecanismo compensatorio del organismo para intentar contrarrestar los efectos negativos de los síntomas depresivos y la neurotoxicidad.
En conclusión, este estudio piloto subraya que el tratamiento de la obesidad no debe centrarse únicamente en las calorías. Como señalan los autores, los hallazgos enfatizan la necesidad de personalizar las estrategias dietéticas para considerar no solo el impacto físico, sino también la salud mental a largo plazo de los pacientes.
