Reúne más de medio centenar de piezas del artista serbio
MÁLAGA- Este lunes se ha presentado en Málaga Espacio Expositivo Tabacalera (MEET) la exposición 'Vladimir Veličković. Huida, vértigo y caída', que ofrece una aproximación al artista serbio más destacado de los últimos 50 años en el panorama internacional. La muestra reúne más de medio centenar de piezas, entre grabados, litografías y serigrafías, centradas en la representación del cuerpo en movimiento.
Vladimir Veličković (1935-2019) trabajó fundamentalmente en series donde los personajes se lanzan inevitablemente a una carrera hacia la oscuridad o huyen de su propio destino. Su producción recibe la influencia de los cuerpos descompuestos de Francis Bacon, la cronofotografía de Eadweard Muybridge y el desgarrado expresionismo de Matthias Grünewald.
A la presentación han asistido Luis Lafuente, director de la Agencia Pública para la gestión de la Casa Natal de Pablo Ruiz Picasso y otros equipamientos museísticos y culturales, y Carlos Ferrer Barrera, comisario de la exposición.
Huida, vértigo y caída
Veličković es uno de los artistas serbios con mayor proyección internacional, aunque su obra ha tenido escasa difusión en España. Pasó su infancia en Belgrado, ciudad bombardeada por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Las imágenes de los cuerpos sin vida, los gritos, los paisajes bajo el humo y las cenizas dejaron una huella imborrable en el artista. Toda su obra nace de la experiencia en su ciudad natal en 1941. Sus creaciones desprenden dolor, empatía y un profundo respeto hacia la humanidad y las víctimas de la violencia.
Afincado en París desde los años sesenta, Vladimir Veličković mantuvo hasta su fallecimiento en 2019 un estilo coherente y único, sin grandes cambios temáticos, centrado en la depuración formal y la regeneración personal más que en la búsqueda de nuevas iconografías.
La exposición reúne una selección de sus series dedicadas a oradores, nacimientos, crucifixiones y estudios del cuerpo humano en movimiento: carrera, salto, huida o caída. Sus oradores aparecen en pleno estallido, implosionados en una maraña de vísceras y líneas que no están exentas de belleza. Las iconografías del salto y los deportistas constituyen otros pilares de su estudio del cuerpo humano en los distintos estados del movimiento. A menudo se muestra en estas obras el eco de la fotografía de Eadweard Muybridge. En estrecha relación con la serie de los estados del salto se encuentran las caídas. Mientras tanto, los hombres a la carrera huyen del peligro y dejan una sensación inquietante, al igual que sus animales.
Otro de los temas más destacados es el de las crucifixiones, con la influencia del expresionismo del pintor alemán Matthias Grünewald y la fuerza expresiva de sus composiciones.
El vértigo lo impregna todo: la huida y la caída. La certeza de lo inevitable no impide que el miedo y un atisbo de esperanza lleven al ser humano a escapar de su propia muerte, a no aceptar que el final ya está escrito. Es el eterno mito de la caída renovado, actualizado, con toda la fuerza simbólico-expresiva.
El artista
Vladimir Veličković realizó estudios universitarios de Arquitectura en Belgrado, pero su interés estuvo siempre en las artes plásticas, especialmente en el dibujo y la pintura y, en menor medida, escultura. Tras finalizar la carrera y cumplir el servicio militar, abandonó el hogar familiar para dedicarse exclusivamente al arte y se trasladó a Zagreb.
En los años cincuenta, Belgrado vio emerger el grupo Mediala, colectivo de artistas con una visión fantástica de la pintura. Aunque no perteneció al grupo, aquellas exposiciones contribuyeron a dar a conocer su obra temprana, marcada por influencias de El Bosco y Brueghel. En los años sesenta abandonó lo fantástico para centrarse en la crudeza y la intensidad expresiva que definirían su carrera.
En 1965 protagonizó su primera exposición internacional al representar a la Yugoslavia de Tito en la Bienal de París, donde obtuvo un premio que le permitió una estancia de seis meses en la capital francesa. Su obra llamó pronto la atención de críticos de renombre una trayectoria que lo llevaría a establecerse definitivamente en París.
La trayectoria de Vladimir Veličković alcanzó un notable reconocimiento. Fue profesor en la Escuela Nacional de Bellas Artes de París entre 1983 y 2000, académico de Bellas Artes en la sección de Pintura desde 2005 y nombrado Caballero de la Legión de Honor francesa. En Serbia, comisarió el pabellón en la Bienal de Venecia en 2007 y fue miembro de la Academia Ciencias y Artes de Belgrado, institución de la que también formó parte su padre en la rama de Medicina.




