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Mari Carmen

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«La casa es nuestro rincón del mundo.»

He querido comenzar mi reflexión marciana de hoy con esta frase de Gaston Bachelard.

Hay palabras que describen una realidad. Y hay palabras que la resumen. Desahucio pertenece a las dos categorías.

El pasado 23 de septiembre, Mari Carmen, una mujer de 87 años, salió de la vivienda en la que había vivido durante más de siete décadas. Allí había transcurrido prácticamente toda su vida: vivieron sus padres, murió su familia y construyó algo que ninguna escritura puede medir, la sensación de estar en casa. Finalmente fue desalojada y trasladada al hospital.

Su historia representa una tensión mucho más profunda: ¿qué ocurre cuando la vivienda deja de ser principalmente un lugar para vivir y se convierte en un activo financiero? Mari Carmen llevaba décadas pagando un alquiler de renta antigua, pero la propiedad del edificio pasó a manos de sociedades de inversión y el alquiler reclamado terminó siendo inasumible para una mujer cuya pensión rondaba los 1.400-1.500 euros.

Su caso plantea una pregunta fundamental: ¿puede una vivienda ser legalmente una propiedad y, al mismo tiempo, ser socialmente el último refugio de una persona?

La Constitución Española reconoce, en su artículo 33, el derecho a la propiedad privada, pero establece que su función social delimita ese derecho. El artículo 47, por su parte, reconoce el derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada y encomienda a los poderes públicos adoptar medidas para hacerlo efectivo y evitar la especulación. No son principios necesariamente enfrentados: la propiedad existe, pero no es un derecho absoluto, y el derecho a la vivienda requiere políticas que lo hagan efectivo.

Por ello, cabe debatir si las personas jurídicas —sociedades, fondos de inversión o empresas— deberían tener límites específicos para adquirir viviendas destinadas a residencia habitual, especialmente en mercados tensionados. Una posible restricción sería una opción legislativa que tendría que respetar la Constitución y el resto del ordenamiento jurídico. No se desprende automáticamente de los artículos 33 y 47, pero sí conecta con la función social de la propiedad y con la obligación de los poderes públicos de actuar en materia de vivienda.

España continúa enfrentándose a un problema que va mucho más allá del caso de Mari Carmen. En el primer trimestre de 2026 se practicaron 4.005 lanzamientos, según datos del Consejo General del Poder Judicial recogidos por RTVE. Detrás de cada cifra existe una historia diferente: una familia que no puede pagar, una persona mayor, un trabajador con ingresos insuficientes, un propietario en dificultades, una deuda o una administración que llega tarde.

Por eso ninguna medida puede presentarse como una solución única. Limitar la adquisición de viviendas por personas jurídicas podría formar parte de una política más amplia, acompañada de vivienda pública, alquiler asequible, protección de personas vulnerables, seguridad jurídica y mecanismos eficaces para evitar que alguien termine en la calle sin alternativa.

El problema no es únicamente quién posee las paredes, sino qué sucede con quien está dentro cuando esas paredes cambian de propietario. Mari Carmen nos obliga a plantearnos qué lugar queremos que ocupe la vivienda en nuestra sociedad. Si aceptamos que la propiedad tiene una función social y que la vivienda es un derecho constitucional, el debate no debería consistir en elegir entre propiedad y vivienda, sino en encontrar un equilibrio que permita que la propiedad privada conviva con el derecho de las personas a no quedarse sin hogar.

Mari Carmen ya no está en aquella casa. Pero su historia deja una pregunta en la puerta de todos nuestros edificios, de nuestras ciudades y de nuestras instituciones:

¿Queremos un país en el que una vivienda sea simplemente un activo que se compra y se vende, o un país en el que, antes de ser un activo, siga siendo un lugar donde una persona pueda vivir?

La respuesta determinará mucho más que el precio de nuestras casas. Determinará qué entendemos por sociedad.

«No hay lugar como el hogar.»
El mago de Oz

Porque hoy sigue siendo martes te deseo mucha fuerza y mucho ánimo en esta tierra de buitres inmobiliarios.

A los que acampan en la puerta de Sol por los que no tienen futuro.

Encarnación Páez Alba

Alma errante

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