A principios de la década de los años sesenta el celebérrimo dramaturgo Alfonso Paso estrenó su comedia “las que tienen que servir”, obra representativa de la llamada Nueva comedia burguesa, la cual se convirtió, como todo lo que escribía este Rey Midas del teatro, en un éxito de taquilla que luego fue llevado al cine contando con la actuación protagónica de la inolvidable Concha Velasco. Se trataba de una historia que escenificaba las peripecias y enredos de dos chicas pueblerinas que trabajaban como empleadas domésticas en Madrid.
Mucho ha cambiando desde aquellos tiempos para acá la situación de las trabajadoras del hogar (o “chachas”, como se les decía de una manera políticamente incorrecta en aquel entonces). Empezando por el hecho de que actualmente la mayoría de ellas no son muchachas de zonas rurales de la España provinciana, sino en su gran mayoría de inmigrantes de Latinoamérica o Europa del Este que ahora son quienes se encargan de la ardua labor de la limpieza de las casa y los lugares de trabajo, y también del cuidado de niños, personas mayores y enfermos, lo cual permite a los cabezas de familia, hombres y mujeres, atender con mayor disponibilidad y tranquilidad sus obligaciones laborales.
Un reciente informe del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones dio a conocer que en el pasado año 2025 la incorporación de inmigrantes al mercado laboral español, con alta en la Seguridad Social, superó los tres millones de personas, de las cuales 1,3 millones son mujeres. También se calcula que más 160.000 mujeres migrantes se encuentran en situación regular trabajando en empleos domésticos.
Sin embargo, este panorama también tiene sus sombras, puesto que la ONG SOS Racismo acaba de publicar un estudio titulado “Informe anual 2025. Expresiones de racismo y violencia contra las trabajadoras del hogar y de cuidados en el Estado español”, el cual revela que la mitad de estas asistentas domésticas y cuidadoras ha sufrido situaciones de discriminación racial.
Las conclusiones del estudio señalan que las acciones racistas más habituales que sufren las trabajadoras del hogar se manifiestan de manera explícita con comentarios y trato discriminatorio, y de forma implícita en términos de segregación laboral o de bajos salarios y condiciones contractuales precarias.
Se trata, a todas luces, de una situación inaceptable en una sociedad diversa, inclusiva y tolerante como actualmente lo es la nuestra. Ante lo cual, solo se puede actuar repudiando estos comportamientos desaprensivos y deplorables. Y, por parte de las autoridades, aplicando las respectivas sanciones económicas y penales cuando sean necesarias.
Es innegable el hecho de que estas trabajadoras foráneas realizan una gran contribución al crecimiento y sostenibilidad del país, por ello merecen el respeto y el reconocimiento del conjunto de la sociedad.