Es conocida por todos la atracción que el dinero ejerce sobre el hombre. Atracción que no cesa ni entre quienes tienen dinero ni entre quienes no lo tienen, sin poder determinar con exactitud cuál de las dos atracciones ejerce más poder: si la del rico, para acumular más dinero, o la del pobre para tener lo que tiene el rico. Aristóteles ya defendía que las cosas materiales deberíamos usarlas como herramientas para vivir, pues de lo contrario, al sentir apego hacia ellas, sería una señal clara de injusticia.
En nuestra Biblia, las referencias al daño de la acumulación de riquezas son múltiples; me quedo con la que dice “que los desvelos del rico terminan por consumirlo, y el afán de riquezas le hace perder el sueño". (Eclesiástico 31.1).
Santo Tómas de Aquino entiende que la esencia de la codicia o avaricia no está tanto en la posesión de bienes como en el efecto que esa posesión causa en el individuo, haciéndole creer que esa posesión es la base de su ser. Constituyen su esencia. Es decir, que sin esos bienes no sería nada.
Nuestra sociedad en la actualidad está sostenida por la avaricia. "Basta con decir la expresión "V.I.P.”, o incluso la expresión “Celebrytis” para darnos cuenta de que nos encontramos ante personas que no necesariamente han acumulado grandes fortunas, sino que tienen la admiración fugaz de una parte de la sociedad por situaciones, en algunas ocasiones esporádicas, a las que han llegado de manera ignorada por la mayoría de la sociedad. La prontitud del ascenso marca la fama de una persona sin tener en cuenta el origen de sus actos.
Alcanzada la acumulación de riquezas, todo es posible. En la actualidad estamos viendo documentados e intuyendo por los datos futuros lo que son capaces de hacer los opulentos con tal de disfrutar, momentáneamente, de `placeres terrenales, y especialmente por el denominado en nuestra Biblia vicio de la lujuria. Da igual la edad o el estado de sometimiento al que se obligue a la víctima, lo importante para ellos es saber que su poder les otorga el privilegio de esclavizar a otro ser humano.
De nada les sirve a estos opulentos haber leído a humanistas o filósofos. Seguro que no lo han hecho. Solo la interpretación de las cuentas de sus empresas y la supremacía en el mercado es lo que les interesa. Ello les permite saltar las normas y cualquier línea que los acerque al sentimiento de ser superiores a otros.
Decía Demócrates que “todo está perdido cuando los malos sirven de ejemplo y los buenos de mofa”. Parece que nuestra sociedad se dirige hacia el abismo.




