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Minutos de silencio

“Los hombres temen que las mujeres se rían de ellos. Las mujeres temen que los hombres las asesinen”

He querido comenzar mi reflexión marciana de hoy con esta lúcida alocución de la escritora canadiense Margaret Atwood. Estamos asistiendo a un gravísimo recrudecimiento de la violencia machista en nuestro país. Diez mujeres y dos menores han sido asesinados en menos de dos meses; la mayoría habían denunciado y se encontraban en el Sistema de Seguimiento Integral en los casos de Violencia de Género (VioGén), el programa que analiza y cataloga el riesgo de violencia potencial en caso de denuncia o agresión.

 Me preocupa extraordinariamente que, acostumbrados a las noticias de accidentes, catástrofes, guerras y agresiones varias empecemos a minimizar la importancia de este virus mortal que sigue instalado en nuestra sociedad: el machismo. Y me inquieta la proporcionalidad directa entre el número de casos de asesinatos de mujeres y menores y el discurso antifeminista de la ultraderecha, lamentablemente de moda.  Ha costado mucho instaurar y casi consolidar políticas equitativas tendentes a reequilibrar la situación abiertamente desventajosa de la mujer en la sociedad. La violencia de género es la más terrible demostración de la desigualdad estructural, y, el asesinato la más brutal exhibición de ello. Está demostrado históricamente que, tras períodos de avances sociales en general y feministas en particular, se produce una severa reacción patriarcal. Esa reacción se ha producido mediante la universalización de los bulos que criminalizan a las mujeres y mediante la negación del feminismo y sus necesarias conquistas por mujeres con cargos relevantes en política o con influencia social a través de las redes sociales. La manida mentira de las denuncias falsas ha calado hondamente en la población. Queremos limpiar nuestra conciencia prejuiciosa y estereotipada amparándonos en la creencia histórica sobre la innata y maquinadora maldad femenina.

 Creo, así mismo, que en los últimos años (sé que lo que voy a decir es polémico) a las representantes políticas más señeras del movimiento feminista les ha faltado inteligencia y sutileza a la hora de seguir avanzando en la implementación de medidas y avances imprescindibles para la consecución de una mayor equidad. Ello, probablemente, ha provocado una reacción de inseguridad y temor por parte de gran parte de los que deben ser nuestros aliados: los hombres. Creo que se ha trasladado una idea supremacista en algunas ocasiones que ha enturbiado la labor permanentemente didáctica y reivindicativa del feminismo. Y es que necesitamos que toda la sociedad se sienta concernida por esta terrible situación de violencia que sufrimos las mujeres. Soy firmemente partidaria de la educación como el único vehículo de transformación social a futuro y, penosamente, nuestros niños, adolescentes y jóvenes se nutren de referentes y discursos machistas, frívolos y sexualizados que reactivan el nunca abandonado relato machista.
¿Cómo acabar con esta forma de terrorismo? Con educación, educación y educación.

Y con una receta de vital importancia: no votar, bajo ningún concepto a la ultraderecha ni la derecha prisionera de ella.

“Cualquiera que odie algo, es que se siente amenazado por ello

Neil Strauss

Porque hoy siendo martes te deseo mucho ánimo y mucha fuerza en este claroscuro social.

A quien no pierde el norte en esta sociedad desnortada.

 

Encarnación Páez Alba

Alma Errante

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