Iba por el muermo del Real Madrid-Getafe, dónde los más millonarios se tragaron un merengazo de pitada sonora en el Bernabéu catedralicio. Cómo eran los niños ricos la merengada, se hicieron los dueños del balón, eso sí, para patearlo a ninguna parte.
Bordalás, -el del ojal encogido-, estuvo en su rueda de prensa cantando el alirón por el éxito de su modesta mesnada; en cambio, el parlanchín Arbeloa, estuvo tartajeando y hasta silencioso, como en una rueda de reconocimiento de los sospechosos habituales del club.
El estadio manifestó sus dudas, entre crucificar al presidente, al entrenador, los jugadores y al sursum corda. Aunque por el panorama posterior de las tertulias, tan discordes, menos en la inoperancia del equipo blanco; los memoyentes pudiéramos pensar que lo justo sería una inmolación masiva, como la de la rebelión de los esclavos en Espartaco, en la que se aspara hasta al apuntador.
Sabido es que el presidente está blindado a orejonas limpias y pasta gansa, el míster es un caricantano sin salida a hombros en los isidriles, los jugadores una “turba multa” que no pueden disminuir su caché en Transfermark, para el verano de los adioses. En fin, desolado busqué en el entramado de nóminas y dóminos del nomenclátor madridistas, a quién pudiera largarse de hoy para mañana, para lavar el careto con un “wanted” de pardillo en plantilla y con despacho.
Por infructuoso, el divino Google, me llevó a la “historia dormida del Madrid”, censurada en sus vitrinas y cartapacios, cuando el club no era Real, pero tan iluso que creía que en el futuro del fútbol se acabaría con el trasiego económico de los fichajes, con una liga más participativa y menos competitiva. Fueron los años de la Guerra Civil, en la que atrincherados en los madriles contra los golpistas, se defendían “al no pasarán”, sin Rüdiger, Hüisen, ni blocajes Courtois.
Todavía no estaba cañoncito Puskas, pero en el palco las autoridades de la contienda deportiva, pusieron a presidir al coronel Antonio Ortega Gutiérrez, confeso comunista, y que pudo gestionar plantilla y algunos encuentros, entre tan panorámico desencuentro bélico.
El club se hizo Real en 1940, con su victoria acuestas; el coronel-presidente don Antonio Ortega, condenado al garrote vil en Alicante por la injusticia posterior. Nadie lo echa de menos, porque según la eterna memoria, toda la gloria merengue, empezó con el voluntario del bando franquista Santiago Bernabéu que en paz descanse en Almansa.



