El ministro Puente, también compañero, como a fiel desconocidos en nuestros ámbitos partidarios. Es poseedor de un buen verbo castellano, que le fluye en cataratas y redes; pero la gran tragedia de Adamuz, nos ha demostrado que práctica por ausencia las confituras de la neolinguística, y pertenece más a la paleolengua, así que utiliza el román paladino, con la que se despacha el pueblo “fablando” a sus vecinos.
Por eso, entre tantas rodaduras y mellas ingenieras, para que todos nos entendamos, ha presumido que el accidente lo causó un “defecto de fábrica” del raíl. Inmediatamente me he ido al organismo de compras del material ferroviario de Adif, para ver quién vigila los pedidos, porque las taras de fabricación, son más de los ouletes modernos o de los antiguos diteros en bicicleta colocando una “rebajita”.
Tengo en mi armario camisas y pantalones, que no superaron el control de las grandes marcas, gracias a la amistad voy hecho un cromo; y sé de las duras exigencias de los vigilantes ante el desliz de un despunte. También el mayor empresario de mi ciudad, me explicó que todos los productos de bambinos que se hilvanan y rematan en Asia, vuelven a sus almacenes en Málaga para revisarlos, antes de llevarlos a la venta por los cinco continentes, ¡chica tarea!
La expresión catalana de “estoy tocando hierro”, se fue al garete en Adamuz, Lleida y Cartagena, y van tres, como los banderilleros de Lorca; pero el de la provincia de Córdoba, lleva pechá de presunciones vagas, por lo que estoy pendiente del informe final de los Jedáis hispanos; y aunque sea para quitarle hierro, se me hace que el inspector de la supervisión de las vías, debe tener la pericia y la dentadura del niño Rosauro del cómic de doña Tomasa, para “darle un muerdo” a los raíles recién llegados de fábrica,
A propósito, largar será la espera, porque llevamos año y medio “in albis”, sobre las causas del accidente en El Chorro, pero se despejaron las dudas sin investigación solemne.

