De los casi 27 millones que nos llegaron al vuelo en la última añada, el pico de más de 6 millones, se lo llevan los del Brexit, que vienen buscando coger unas rosadas ampollas en una semanita de vacaciones en la Costa del Sol.
Pero el Aemet lleva un otoño y lo que va de invernadero, pintando nubecitas y gotitas a go go, un día sí y a congelarse el otro; por lo que los súbditos de Carlos III que vacacionan en en el Sur de España para despejar las nubes de su isla, están que trinan y sobre todo en las páginas de las redes, por considerar una engañifa la publicidad del clima de nuestra Costa.
Muchos consideran que nuestra Al-Ándalus costera, ni parecer al clima caribeño, que les venden en la World Travel Market, considerando un fraude nuestra publicidad de abanico y crema solar permanente; también se quejan del precio de estar recluido en un hotel, sin más programa que darse un meneo por los Beatles o pegarse un pinchazo jugando a los dardos. No sé la causa de una singular queja, de demandar calefacción como en los países nórdicos, cuando el avance de nuestras instalaciones hoteleras, nos da sobra de calores, quizá el quejoso hubiera ido a una “posá” de manta y achuche. Un penique escocés, más roña que los de la tierra del chavico, instruye en la red a los compatriotas que buscan residencia, no comprarla con piscina, porque la amistad de los españoles le puede permitir darse un chapuzón gratis en la suya; pero el cara lleva con la gabardina sobre el bañador desde septiembre, para darse un remojón.
Nosotros que hemos tenido unos años de secano, en los que las ranas de los pantanos se bañaban en su sudada gota gorda y teníamos las tractoradas pitándole al infierno. Los dos años de lluvia que llevamos, nos vuelven los flamencos a la laguna y tenemos los agujeros de agua hasta el 2028. Ahora vemos que nuestro negocio más puntero, nos deja el chiringuito con las hamacas del revés.
Pedro Aparicio, mi alcalde, de plano, le disgustaba quizá por los sofocos, el apellido de éxito de nuestro territorio de la Costa del Sol; por fiarle en demasía al Astro el negocio y porque a finales de los setenta, ni taxis, ni tabernas tenían aire acondicionado y pasábamos el quinario de chaqueta y corbata en San Lorenzo. Siempre prefirió su eslogan de la Capital del Sur de Europa, porque el mapa tenía menos dudas que la predicción del tiempo.

