Los vecinos de Minneapolis han despedido con pitada a don Greg Bovino, jefe de policía emigratoria puesto por Trump, para elevar el desorden de su desgobierno; siendo sustituido por el Zar de las Frontera, Tom Homan, cuasi perlita y medio. Gregorio Bovino, de antecedentes italianos, tiene menos del Papa Gregorio Magno, quién llevo al Vaticano, el mejor espíritu evangélico frente a la pompa ufana existente, que al terrible bovino de Turín que salvo su Plaza del Gran Dragón, como si fuera un uro miureño; o a la fuerza pública del gobierno de Mingheti de 1864, que desarrolló su crueldad frente a los pacíficos manifestantes turineses en su Piazza, cayendo 154 personas.
La hermanita de Bovino, ha añadido al informante, que su brothercito, tiene a bien plantarse ante un peliculón de Rocky Balboa, para que le hierva la testosterona antes de meter cachiporrazos, a las asonadas más comprometidas en defensa de los emigrantes. No de extrañar esa vitamina, ya que hasta el celebre míster, el táctico Pep Guardiola, le insuflaba colmillos al vestuario del Barça, visionando Gladiator.
Para míster Donald, tener esbirros y sayones, es parte inhumana visión del poder. Incluso podríamos seguir, si hurgamos a lo Poirot, quién desparrama dólares para pagar el estrellato de flácido musculamen de la serie de los Mercenarios o las Misiones Imposibles y sus adláteres.
Emilio Lledó, nuestro mejor sabio de guardia, nos instruye sobre el visionado de las películas violentas, como un arma capaz de arrojarnos a la perdida de conciencia más humanizante. Por eso, sería recomendable que los Bovinos, se dopen con seriales para la buena amistad, para que adquirieran la buena doma de los cabestros, capaces de conducir la manada como guías, antes de liarse a cornadas a todo trapo a los que les pongan un pero.

