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Cuando sube la marea

“La salud no lo es todo, pero sin ella, todo lo demás es nada”

He querido comenzar mi reflexión marciana de hoy con esta frase de Arthur Schopenhauer con la intención de abordar el debate sobre la sanidad pública en Andalucía. El pasado domingo las calles de las capitales andaluzas fueron tomadas por una imparable marea blanca que reivindica el imprescindible stop del deterioro de atención sanitaria en Andalucía. El gobierno de Moreno Bonilla denuncia el interés electoralista de estas manifestaciones y atribuye la mala gestión a los gobiernos del PSOE. En primer lugar, habría que argumentar que las llamadas “mareas blancas” tomaron fuerza a finales de 2016 y se han mantenido hasta hoy, con una proporcionalidad directa entre su fortalecimiento y el desgaste del sistema sanitario propiciado por el gobierno andaluz. No han nacido para esta convocatoria electoral. En segundo lugar, está muy manida ya la tesis de que el fracaso de las políticas que aplican los responsables de gobernar es atribuible a los gobiernos precedentes. Desde que gobierna el PP en Andalucía se ha procedido a un paulatino y premeditado desmantelamiento de la sanidad pública. Han copiado los modelos de Cospedal en Castilla la Mancha y de Ayuso en Madrid. La “quironmancia” ha ido extendiendo sus redes en las ciudades andaluzas donde, a día de hoy, existe una supremacía numérica de centros privados. La táctica es muy sencilla y maliciosa: precarizar laboralmente la atención pública y sobrecargar de forma inhumana a los profesionales para que la población perciba que el sistema no funciona. La publicidad de los seguros médicos privados se multiplica y todas aquellas personas que se lo pueden permitir compran su asistencia sanitaria. El gobierno se encarga de promocionar las bondades de la mixtura público -privada que desemboca en el trasvase de pacientes y de DINERO a los “quironmantes”. La jugada es perfecta: el servicio público se desnaturaliza, la gente se cabrea, contratan seguros privados y los amigos especuladores de la salud se enriquecen. Esta dinámica se copia exactamente en otro ámbito público fundamental: la educación. Se privatiza   la formación profesional y universitaria y deja de financiarse adecuadamente la pública. El resultado de toda esta deriva privatizadora es demoledor: la gente sencilla, la normal y corriente, la que no cobra grandes sueldos o pensiones se queda desprotegida en los ámbitos sanitario y educativo. El desmantelamiento de lo público es un retorcido ejercicio de perpetuación de la desigualdad.

Nada nuevo bajo el sol: el PP gobierna para los ricos y pudientes…lo paradójico es que los desclasados voten la sonrisa de Moreno Bonilla o el simplismo populista de los delfines de Abascal.

Es incuestionable que las citas para la atención primaria tardan alrededor de dos semanas, que las listas de espera para especialistas e intervenciones quirúrgicas se han incrementado de una forma obscena, que los cribados son un auténtico desastre, que la calidad del empleo brilla por su ausencia y que existe un peligroso deterioro de la calidad asistencial.

Es necesario que las mareas blancas se extiendan por Andalucía para que la negrura política sea desalojada de la gestión autonómica.

“Un día sin reír es un día perdido"

 Charles Chaplin

Porque hoy sigue siendo martes, te mando mucha fuerza y mucho ánimo en estos tiempos de abandono institucional.

A mi refugio frente a los atropellos de la vida.

 

Encarnación Páez Alba

Alma Errante

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