Me ha costado mucho encontrar la equivalencia entre el término progresista y lo que verdaderamente hacen los progresistas en nuestra sociedad. He tenido que recurrir a lo que Pier Paolo Pasolini entiende por progresista y me he dado cuenta de que efectivamente este es el progresismo que destruye nuestra sociedad: “Ante este mundo de ganadores vulgares y deshonestos, de prevaricadores falsos y oportunistas, de gente importante que ocupa el poder, de todos los neuróticos del éxito, del figurar, del llegar a ser. Ante esta antropología del ganador, de lejos prefiero al que pierde".
Está claro que quien pierde ante este falso progresismo no es el que más lo necesita, hartos estamos de ver cómo en nuestros barrios aumentan los sin techo; es, en general, la ciudadanía a la que se somete ideológicamente y capitalisticamente. Miremos hacia atrás y veamos qué nos ha traído a nuestra sociedad esa idea de progresismo bajo la machacona idea de ampliar los derechos civiles. Ha tratado de liberar a la ciudadanía de lo que denominan tabúes tradicionales tales como la religión o la familia. Frente a esta destrucción se fomenta el divorcio y el aborto. Ha puesto la economía nacional al servicio de los intereses especulativos del mercado financiero. Se ha abaratado el despido de los trabajadores a veinte días por año trabajado. Se ha retrasado la edad de jubilación. Se aprobó, en la época de Zapatero, el desahucio exprés, anteponiendo los intereses de la banca, al de las familias necesitadas. Se ha liberalizado los horarios comerciales beneficiando a las grandes superficies y perjudicando al pequeño comercio. Se ha realizado la privatización de empresas públicas. Se han paralizado las inversiones en sanidad, educación y transportes. Se ha banquerizado las Cajas de Ahorros, llevadas a la ruina por la utilización política que de ellas hizo el progresismo socialista. Analizados los efectos del progresismo en nuestra sociedad, nos damos cuenta de que todas las medidas referenciadas están al servicio del capitalismo y que su ejecución solo se puede realizar desde el falso progresismo, pues desde la posición conservadora hubiera dado lugar a una revolución social. Hablando en román paladín: si el pisoteo del feminismo, el uso de las prostitutas por miembros del gobierno pagándoles sus favores con dinero público, el uso de consejos de ministros para autorizar operaciones financieras con dinero público en beneficio de unos cuantos allegados, si el apego de nuestros gobernantes a regímenes en los que las elecciones son inexistentes, los hubiese realizado un gobierno del Partido Popular la calle hubiese ardido. Pero no ha sido así: lo ha realizado un gobierno que bajo el manto de las libertades civiles ha pactado con asesinos, en perjuicio de las victimas. Ha permitido la corrupción institucional bajo el manto del denominado fango mediático. Y ha consentido que el actual presidente del gobierno español, su ministro de interior, o el de transporte, que no puede salir a la calle por temor a los abucheos e insultos, mantengan su poltrona.
Siguiendo al cineasta italiano no tengo más remedio que reconocer que el fascismo moderno llegará de la mano del progresismo: sin uniformes y en nombre de la libertad y el consumo. El progresismo actual, bajo el manto de las libertades, la única finalidad que persigue es que los poderosos capitalistas ejerzan su poder en el gobierno del Estado.
España es un objetivo clave para destruir Europa. Destruyendo Europa se elimina la cuna de las libertades. En Europa conviven culturas y religiones distintas con el riesgo de que el respeto en la convivencia establezca aristas que pensemos que son difíciles de limar. Pero en Europa siempre ha prevalecido la razón y la concordia, aunque en estos tiempos el falso progresismo esté poniendo en peligro la propia existencia europea.

