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Españolito que vienes al mundo

“Allá donde la mentira prolifera, la tiranía se anuncia o se perpetúa"

He querido comenzar mi reflexión marxiana de hoy con esta frase de Albert Camus, adalid del análisis de la justicia, la igualdad y el absurdo. Vivimos unos tiempos en que escasean y menguan vertiginosamente las primeras y el segundo campa a sus anchas por el imaginario colectivo actual. Los que frisamos los sesenta asistimos atónitos al desbocado galope del surrealismo social. Muchos jóvenes, pasto de la ignorancia y la frustración, adoptan la estética fascista y deciden votar a quienes jamás subirán ni mantendrán el salario mínimo, su única garantía retributiva; a los que apoyan el desahucio practicado por los fondos de inversión y los bancos para especular con las únicas viviendas cuyo alquiler pueden pagar esos jovenzuelos. Votan a quienes jamás construirán viviendas públicas donde poder alojar un proyecto de vida o de familia. A los adeptos desnortados, guiados por consignas y banderas, les han vendido la idea de que con Franco se vivía mejor y ellos han comprado la soflama y la repiten como un mantra. Esos nostálgicos del macho ibérico, educados por las redes sociales, le piden a los innombrables que los libren de las feminazis y naturalizan el insulto y el desprecio hacia las mujeres, mimetizados con las infamias que expelen diputados y senadores bravucones. A sus jefes se les llena la boca de la corrupción ajena mientras utilizan el partido para enriquecerse (y aún no han gobernado) Si sus propios afiliados desertan por las prácticas corruptas del jefe, qué piensan sus votantes que ocurrirá si acceden a la gestión del dinero público…

Y asistimos al exhibicionismo descarado del poder judicial, en el que se hace política desestabilizadora y orquestada con burdos argumentos jurídicos. Ya veremos cómo se sentencia el Juicio de la Kitchen y el del novio de Ayuso, porque visto lo visto con el Fiscal General del Estado, casi tenemos claro qué ocurrirá con el de Begoña Gómez… Del enjuiciamiento de Koldo, Abalos y Cerdán prefiero no pronunciarme porque llevo muchos meses indignada con las chistorras.

Y, frente a los activistas clásicos, esos que lucharon por los derechos y libertades y son defensores a ultranza de los derechos humanos, los medios de desinformación, propaganda y prosapia ultraderechista otorgan este calificativo a los violentos, a los que insultan, a los que agreden, a los que están provocando que salte la chispa del guerracivilismo en España…

En fin, hemos pasado de 40 años de una democracia aparentemente fuerte, donde daba vergüenza llamarse fascista, a presumir a calzón quitado y traspasar todos los límites de la decencia…

Encarnación Páez

Alma errante

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