Cansados de escuchar mentiras, insinuaciones, tergiversaciones, chacalacas, maquinaciones y otras paparruchadas propias de tabernarios en estado etílico excedido donde cualquier invención es válida para defender lo indefendible y de esa manera quedar por encima del oponente hasta la próxima copa. Desgraciadamente todo ello no ocurre en un bar o en una taberna, universidad de nuestra ciudadanía, se produce en el Congreso de los Diputados del Reino de España, donde tras un enfrentamiento más, sería una copa, se pretende legalizar el insulto a la Corona, representativa de la Jefatura del Estado Español.
Se va a permitir de esta forma, para contentar a unos, que se pueda insultar al símbolo de la Unidad y Permanencia de nuestro Estado, que es un árbitro moderador de nuestras instituciones, representante internacional de España y ostenta el mando supremo de las fuerzas armadas. Bajeza de quien lo admite como logro y estupidez de quien lo otorga como concesión democrática de libertad de expresión, sobre todo si quien ostenta la facultad de otorgarlo no puede salir a la calle por la cantidad de improperios que recibe.
Poco falta para quien hoy no puede salir a la calle por los abucheos a que es sometido, allí donde vaya, monte video con la IA en el que se le vea aclamado por una multitud y se propague por las redes sociales. La falsedad y la mentira como arma de poder.
Cansados de saber la poca formación democrática de quien sabedor de que es perdedor apabulla desde la democracia parlamentaria que le sostiene, exprimiéndole hasta extremos como el que acabamos de exponer: la institucionalización del insulto como logro político.
Cansados de constatar cuanto se pide a los ciudadanos y que poco se les pide a los políticos.
Cansados de escuchar los ataques contra jueces, periodistas o cualquier otra institución que no se someta al poder de la mentira.
Cansados de que se nos tome por ignorantes cuando un número importante de ciudadanos manifiesta su intención en las encuestas de la necesidad de un cambio de gobierno y no nos escuchan.
Cansados de que el poder este sostenido no por los pilares de la democracia sino por quienes apoyan incondicionalmente la corrupción gubernamental.
Cansados de ser víctimas del intento más vil del poder sobre la ciudadanía, que no es otro que el de tratar de hacerles creer que todo lo injusto que el poder puede, es justo.
Cansados de sentir como nuestra democracia está en peligro y que caminamos hacia un futuro bastante incierto. No existe una conspiración, no existe un hacer coincidir las citaciones judiciales con fechas electorales. Lo que verdaderamente existe es la acumulación por parte de miembros del gobierno y de sus allegados de comportamientos presuntamente ilícitos que hacen que los tribunales y los miembros de los cuerpo y seguridad del Estado estén desbordados de trabajo.
El trabajo de jueces y los cuerpos de seguridad hacen pensar al ciudadano que todavía hay esperanzas de regeneración democrática de nuestros políticos.
El ciudadano también debe regenerar su forma de entender la democracia. Debe reconocer que la democracia es el arte de pensar independientemente, pero juntos. Hoy ese sentimiento es imposible: quien no piensa como yo es de los otros y no es adversario, es enemigo y hay que eliminarlo.
Abramos nuestras mentes y volvamos a ser demócratas.




