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Soccer in USA

Este jueves, 11 de de junio, en el orbe entero entero se escuchará el pitido inicial de la Copa Mundial de Fútbol 2026, evento deportivo que tendrá tres sedes: México, Canadá y Estados Unidos. Sin embargo, 78 de los 104 partidos programados se jugarán en territorio de la Unión Americana. Y el motivo es claramente económico.

La maquinara empresarial estadounidense espera obtener pingües beneficios monetarios a costa de los seguidores del deporte más popular en todo en planeta menos, curiosamente, allí.

Y es que en los Estados Unidos de América otras disciplinas deportivas como su “football” (que en el resto del mundo se llama fútbol americano”), el béisbol, el baloncesto e incluso el hockey sobre hielo, son muchos más masivas y acaparan grandes audiencias en comparación con el “soccer”, que es como ellos denominan al balompié; considerado un deporte femenino y de otras etnias como la de los latinoamericanos.

La Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA), después de obtener la bendición cristiana-protestante del presidente Donald Trump para llevar a cabo el mundial los EEUU, intentará nuevamente arraigar este deporte en la tercera nación más poblada del mundo (con 349 millones de habitantes), por detrás de India y China.

Pero, objetivamente, no hay muchas posibilidades de que esto suceda. Ya se intentó en la Copa Mundial de 1990 celebrada allí mismo. Y, como volverá a ocurrir en esta edición futbolística, los “WAPs” (blancos, anglosajones y protestantes) fueron minoría entre quienes asistieron a los estadios y se apiñaron frente a las pantallas de televisión para seguir los partidos.

Las empresas organizadoras del evento en USA harán caja cuando el árbitro indique el final de la final que se disputará el 19 de julio en Nueva York. Y sin lugar a dudas se forrarán gracias a la publicidad que pagarán los patrocinadores deseosos de aprovechar la gran visibilidad del campeonato; a la venta de entradas a precios desorbitados (solo el 10% tienen un valor fijo de 60 dólares, pues las demás se encuentran dentro de una “dinámica de oferta y demanda”, pudiendo alcanzar tranquilamente los 3.000 dólares por un asiento en un partido); y a la venta de derechos de transmisión, pues los tiempos en que todos los encuentros del Mundial se podían ver gratis en las televisiones públicas ya son historia.

Y cuando todo esto termine, el “gran público de ese gran país”, seguirá dedicando su atención a los “touchdown” del fútbol americano y a los “homerun” del béisbol. Dejando así en claro que toda la gigantesca parafernalia montada y luego desmontada alrededor del que para el resto de la humanidad es el “deporte rey”, se debió unicamente a su filosofía calvinista de “Business is business”.

Luis Gabriel David

Profesor y periodista

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