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Un meteorito para el Holoceno

Hace poco vi la miniserie que Netflix ha sacado sobre los dinosaurios, por reconectar con mi niño interior y porque venía bien ponerse algo ligerito para acompañar el almuerzo. Producida por Spielberg, narrada por Morgan Freeman, es todo un despliegue audiovisual que recorre 100 millones de años de la historia de nuestro planeta, desde la aparición de los primeros dinosaurios hasta el impacto del infame meteorito que acabó con gran parte de la vida en la Tierra. Y en lo que avanzaba la cosa, iba recobrando consciencia de la pequeña nota a pie de página que supone el Holoceno dentro del gran libro de la historia del mundo.

Cientos de millones de años de cambios, de evolución de la vida y de transformación del planeta que han culminado en las condiciones justas para que nuestra especie florezca. Todo para llegar hasta el momento actual: bloques cebra a medio millón de euros por piso. ¡Qué desperdicio! ¡Qué broma cósmica! Se hace urgente pasar al siguiente capítulo de nuestra particular miniserie y de paso demostrarle una vez más a Fukuyama que se equivocaba.

En el momento en el que el planeta no da más de sí, en el que un billonario incita disturbios racistas a través del océano, en el que una potencia nuclear realiza una limpieza étnica en Palestina sin oposición internacional… Las generaciones futuras se partirán la caja viendo cómo en algunas partes del mundo seguimos enzarzados en el debate de si la vivienda es un derecho o no. Permitidme que lo cierre: sí. Es un derecho. Siguiente pregunta, ¿Cómo aseguramos ese derecho?

En primer lugar, partiendo de una máxima: el mercado tiene que estar al servicio del pueblo, el pueblo nunca puede estar al servicio del mercado. Como eslogan está bonito, pero cuando te pones a pensar en las implicaciones, es mejor aún.

Hace unos años me invitaron a una conexión en directo para un programa de tertulias y me pusieron a debatir con el presidente de AVVA, la asociación de propietarios de viviendas turísticas. Este señor me dijo tan tranquilo, en directo, en la televisión nacional, que estaba en todo su derecho de convertir alquileres de larga duración en vivienda turística porque la vivienda turística le daba más de un 10% de retorno. ¿La población desplazada, la pérdida de identidad de los barrios, los problemas de convivencia entre turistas y vecinos? Para esas cosas no había columna en su hoja de Excel. Eso es poner al mercado por delante del pueblo.

Por mi parte, propongo otra inversión, en su primera acepción: las 48.000 viviendas turísticas en Málaga tienen que volver a ser casas en las que vivir. Por lo menos en las zonas en las que la gente vivía antes de que el mercado las echase.

Teniendo más alquileres disponibles, ¿Cómo nos las apañamos para que no se vaya la mitad del salario en pagarlos? Podemos empezar con una receta que se ha demostrado efectiva a lo largo y ancho del globo: contratos de alquiler indefinidos. La necesidad de algo así la veo cada mes, ya sea entre mis amigos o directamente con familias que van a ser desahuciadas. Se acaba el contrato y los propietarios los echan, no porque vayan a vivir ahí, no porque sus hijos vayan a vivir ahí, sino porque cunde muchísimo sacar a una familia de su casa y volver a poner la vivienda en el mercado con un incremento bestial en el precio. Le cunde al mercado, que no al pueblo.

Va más allá la cosa, los contratos indefinidos “como mucho” nos dan certidumbre sobre nuestro futuro mientras frenan la subida de precios, pero no evitan que usemos más de medio sueldo en pagar nuestra vivienda como planteaba antes. En ese aspecto, recojo el lema para este 27J de Málaga para Vivir: “Ni alquileres por las nubes, ni salarios por los suelos”.

No hace falta ser un lince para llegar a la conclusión de que los salarios y los alquileres tienen que ir ligados irremediablemente, de que si sube el precio de la vivienda ¡Qué menos que tener una nómina que lo acompañe! Y sin embargo aquí nos encontramos el choque de dos titanes, de dos fuerzas inamovibles, el mercado laboral contra el mercado financiero. Lo curioso es que en esta batalla, no pierde ninguno de los dos contendientes, el único que pierde es el currela. El mercado por delante del pueblo.

Es en este punto en el que podría repetir las soluciones que hemos lanzado desde Adelante durante esta reciente campaña: control de precios, construcción de vivienda pública, prohibir la compra a los fondos de inversión, fomentar las cooperativas de vivienda… Podría contaros que existe un encaje legal y que desde las instituciones podemos arreglar esta situación. Mentira no es, pero creo que tenemos que ser más ambiciosos, por eso insisto por última vez en la máxima: el mercado tiene que estar al servicio del pueblo. La vivienda tiene que dejar de ser principalmente un bien de mercado para volver a ser principalmente un bien para la sociedad. Esta es una batalla que debemos librar entre todos, en todos los frentes.

Desde el institucional, impulsando medidas contra la especulación y el rentismo; desde los movimientos sociales, organizando a la ciudadanía y combatiendo colectivamente los abusos del mercado; desde el sindicalismo, presionando a la patronal para conseguir condiciones que garanticen vivir con dignidad; desde la economía, creando circuitos paralelos basados en la cooperación y no en el beneficio empresarial. En este preciso momento, es vital que la manifestación por la vivienda del próximo 27 de junio sea el punto de encuentro en el que las distintas fuerzas de la sociedad salgamos reafirmadas para seguir empujando en nuestros respectivos frentes los meses venideros. Es vital que salgamos el 27J a la calle, y al día siguiente y al de después.

Hay una frase falsamente atribuida a Mark Twain, “compren suelo, no van a hacer más”. Algo de razón tiene, no van a hacer más suelo, pero eso no quita que podamos hacer hueco en el suelo que ya tenemos. Como cuando no te caben todas las cosas en la maleta y quitas lo que sobra para quedarte solamente con lo indispensable, si me preguntas a mí, en la maleta de nuestra sociedad empiezan a sobrar los fondos buitres, las promociones de hiperlujo y los bajos reconvertidos en Airbnb.

Sea como sea, estamos necesitados de un meteorito (metafórico) que cierre este ciclo y permita que nuestra historia siga avanzando, dejando atrás la barbarie de tanto dinosaurio inmobiliario. ¿Será acaso ese meteorito, como ya se rumorea, una futura huelga general que acabe con el reinado de tan poderosos reptiles? Por si acaso lo fuera, id preparando piernas y gargantas para los piquetes.

Luis Rodrigo

Diputado por Málaga de Adelante Andalucía en el Parlamento

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