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De religión, fútbol y realidad

“El que antes había sido explotado y perdió la memoria de haberlo sido, explotará. Al que ayer humillaron, humillará hoy con más rencor, tirándole piedras al que llega, como si nunca hubiesen sufrido de desesperación»

He querido comenzar mi cavilación marciana de hoy con esta reflexión del insigne humanista universal José Saramago en los albores del verano recién nacido. Este mes seis de dos mil veintiséis está discurriendo preñado de acontecimientos y eventos multitudinarios protagonizados por dos de los opiáceos sociales más potentes: la religión y el fútbol. La visita del Papa León XIV no dejó a nadie indiferente ni descontento: los seguidores de la doctrina tradicional de la iglesia católica se vieron atañidos por la defensa a ultranza de la vida y la consiguiente negación del aborto y la eutanasia. Por su parte, los sectores más aperturistas sintieron su alma esponjarse con la defensa de los derechos y la dignidad humanos referida fundamentalmente a la inmigración. Casi todo el mundo aplaudió la visita del representante de un Estado no democrático, sin mujeres entre sus cargos de representación y decisión, el jefe de un estado anacrónico, pero poderoso, la mezcla perfecta de religión y poder de los de siempre.

Junio también está pariendo un mundial de fútbol en el país del mal, de los ICE, del veto humanitario. No hay boicot de ningún país, la pela es la pela; el deporte se arrodilla al servicio de los mandamases del mundo y la deportividad perece frente a la ambición, frente a los multimillonarios beneficios de corporaciones, televisiones y quien sabe quiénes más. Y nos regalan evasión, la grandeza económica y futbolística de nuestros jugadores actúa placebo de nuestras miserias cotidianas, de nuestros esfuerzos, de nuestras frustraciones…Yo tambié4n vibré con Oyarzábal y Lamil frente a Arabia Saudí, pero al día siguiente mi vida seguía exactamente igual; sus millones y las primas que pudieran obtener no logran amortiguan el miedo hacia un futuro incierto. Confieso que me gusta el fútbol, como deporte….como gran negocio me da bastante repelús, pero no más que el resto de las mafias legales.

En junio, y seguimos con el deporte rey, en nuestra ciudad, el Málaga ha ascendido a primera división. La emoción se apodera de las calles y de la necesidad de pertenencia a un sentimiento común…ha sido un hermoso logro: un equipo de canteranos con un entrenador al frente que conocía muy bien a los jugadores pues casi los ha criado, futbolísticamente hablando. El fervor nubla las mentes y la memoria y cae en el pozo del qué mas da si hemos ganado la pésima gestión del club y la falta de respuesta económica por parte de los responsables.

Pero el mes que homenajea a Juno no sólo lleva en sus alforjas las alharacas del deporte y la visita papal…mutatis mutandis ha entrado en vigor el Pacto Europeo por la Migración y el Asilo, un acuerdo que, revestido de la idea de eficacia y política migratoria común, supone un grave atentado contra los derechos humanos. El derecho de asilo y de no devolución se ven gravemente afectados por el llamado “Reglamento de retorno”. La Convención sobre asilo diplomático es de 1954 y no se tira por la borda porque esté trasnochada, sino porque ahora somos mucho más salvajes. Hasta ahora en nuestro país existía un procedimiento garantista a la hora de evaluar las peticiones de asilo o protección internacional. Con la entrada en vigor del PEMA se establecen procedimientos semi sumarísimos de asilo en frontera y se abre la posibilidad de centros de detención para personas que no han cometido ningún delito. Y la adormidera de los agasajos varios no nos dejan ver el bosque de la limitación de la dignidad humana. El cerco a la humanidad se vuelve asfixiantemente estrecho.

“Somos raíces que crecen en tierra nueva”, si nos dejan.

Porque hoy sigue siendo martes, te deseo mucho ánimo y mucha fuerza  en este mes de fútbol y fantasía.

A quienes son capaces de ver más allá de la borrachera.

Encarnación Páez Alba

Alma errante

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