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Airados y odiantes

La tónica de nuestros gobernantes se fundamenta en estas dos calificaciones. Actúan manifestando su complejo de inferioridad a los ciudadanos. No olvidemos que la mayoría de estos gobernantes tienen mucho en común. A ninguno de ellos les gusta la critica de los ciudadanos y menos de la oposición. Insultan de manera individualizada a periodistas o personas que con sus preguntas les incomoden. Se niegan a compartir con la oposición cualquier tipo de dialogo considerando que se trata simplemente de enemigos y no de adversarios. Son políticos que aupados al poder empiezan a negar cuento les ha facilitado estar en el poder con la única finalidad de que el adversario político,  al que considera enemigo y al que hay que hacer desaparecer, no pueda desalojarlo del poder. Sufre de su incapacidad de comprensión y empatía con los problemas sociales que suele crear con su ineptitud de gobierno y todo su afán es el aislamiento y rodearse de adeptos capaces de adularlo y protegerlo frente a las criticas de los ciudadanos. Su forma de gobernar se caracteriza por usar los vericuetos necesarios para dictar decretos en los que no se tenga que contar con la oposición, y si así fuera presentar propuestas legales en las en un conjunto de medidas se incluyan aquellas que mas les puedan favorecer de cara a mantenerse en el poder. No les gusta la elecciones y están continuamente aparentando que el pueblo los quiere. Sus apariciones en la sede parlamentaria son las mínimas y siempre acompañadas por aplausos desmedidos de los suyos para aparentar lo que no es. Las apariciones públicas se reducen a las mínimas y siempre manteniendo al pueblo alejado para evitar los abucheos e insultos. Este tipo de gobernante, que hoy desgraciadamente abunda, siempre pretende la construcción de muros ideológicos para conseguir el doble efecto que todo autócrata persigue que no son otros que el de protegerse de los que opinan de manera distinta a sus pensamiento y  aislar a los disidentes para tenerlos controlados y someterlos. Junto a las autocracias, que legitiman su poder en la fuerza o carisma del líder, nos encontramos a las teocracias que legitiman su poder en la voluntad divina considerando que cualquier oposición es una herejía. Ambas formas de gobierno comparten la concentración absoluta de poder en el líder, la falta total de democracia con las consecuencias que ello produce en la sociedad tales como la falta de libertades y ausencia de todo tipo derechos ciudadanos. Pero no hay que olvidar que todo el que construye un muro perece dentro de él. Basta en este sentido recordar la caída del muro de Berlin vergüenza humana de la que parece que no hemos aprendido nada. Cuando cayo el muro de Berlin solo había miseria.

La ira y el odio refuerzan los complejos del gobernante que incapaz de gobernar para el bien común somete al pueblo en beneficio de quienes le adulan y mantienen en el poder. Incapaces de alternancia ideológica pues eso supone abandonar el poder Trump, Netanyahu, Sánchez, y los lideres espirituales islamista son la clara manifestación de lo que hoy impera, por desgracia en nuestra sociedad.  

En toda esta vorágine mundial que nos rodea olvidamos algo tan esencial como el cristianismo. Tan simple. Tan humano. Tan sencillo que lo despreciamos por considerar que no nos aporta nada. La Palabra de Dios acallada por las bombas. Error de la humanidad. En la Biblia encontramos pasajes que nos invitan al dialogo y comprensión. Es una pena que siendo el libro mas leído, sus enseñanzas sean las menos aplicadas.

Efesios 4:29: No empleen un lenguaje sucio u ofensivo. Que todo lo que digan sea bueno y útil, a fin de que sus palabras sean de edificación para quienes las escuchan.

 

Fernando Guerrero Cáceres

Ensayista

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