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La revolución de la frustración

“La esperanza de un mundo seguro y habitable recae en disciplinados inconformistas que se dedican a la justicia, la paz y la fraternidad”
He querido comenzar mi pensamiento marciano de hoy con esta reflexión de Martin Luther King porque urge la revolución disciplinada de los inconformistas; se ha tornado indispensable que los individuos abandonemos el individualismo y construyamos comunidad. Sólo desde la resistencia, la organización y la demanda de políticas orientadas hacia el bienestar colectivo, podremos conseguir revertir la tendencia imparable de la ola ultraderechista que amenaza con devorar las reglas básicas de convivencia y tolerancia. Los gobiernos estables de Extremadura, Aragón y Castilla León presumiblemente van a salir adelante con el sometimiento del PP al chantaje carpetovetónico de VOX, un partido que niega la violencia machista, exhibe la bandera del racismo criminalizando la inmigración y enarbola el estandarte del insulto y la violencia. Están canalizando el descontento y la frustración de las clases sociales más bajas que han hecho propio el discurso reduccionista basado en unas cuantas soflamas incendiarias. Se repiten como un mantra frases lapidarias sin más análisis ni reflexión que la satisfacción que produce sentir que vas a la moda. Pero no es lo mismo vestir un pantalón vaquero ancho, llevar un tatuaje o copiar el peinado de Rosalía que proclamar que con Franco se vivía mejor o que los inmigrantes son delincuentes. A menudo me pregunto por qué se la gente se niega a profundizar, a pensar mínimamente, por qué hemos consentido que nos mientan descaradamente. Me apena y me parece sumamente peligroso que la política que reivindicamos haya abandonado la razón y el sentimiento humanista y se haya instalado cómodamente en las tripas de cada uno de nosotros y de la sociedad. 

Volviendo a las tres Comunidades Autónomas pendientes de gobierno, me indigna y me preocupa a partes iguales que las grandes políticas de lo público (sanidad, educación y vivienda) hayan recaído nuevamente en los que, bajo el eufemismo de la colaboración público- privada, están privatizando el acceso a la salud, a la formación y a un techo digno. Los que a nivel nacional votan en contra de la subida del salario mínimo, de la revalorización de las pensiones y de la protección de hogares vulnerables nos gobiernan en las regiones, en el territorio concreto con políticas retrógradas. Soy consciente y muy crítica, por supuesto, con los grandes errores de los partidos de izquierdas: la división, la incoherencia, la tibieza con la corrupción y el manoseo sexual de algunos de sus popes, aparte de la falta de liderazgo político de la gran mayoría de sus representantes.
 Abogo desde aquí por la recuperación de la altura de miras, por el patriotismo humanitario y social, por que se crea y se trabaje de verdad por los ciudadanos. Reivindico que los partidos políticos bajen de su torre de marfil, abandonen la estrategia electoralista pura que aboca en la condena de la ciudadanía y sean capaces de trabajar por el bien común. 

Me pregunto si solo a mí me parece razonable un pacto entre PP y PSOE para que gobierne la lista más votada y así cerrar el paso a la ultraderecha. En caso contrario, ambos están legitimando el franquismo.

Porque hoy sigue siendo martes, te deseo mucho ánimo y mucha fuerza en estos tiempos frenéticos en los que se están haciendo oposiciones a la destrucción del planeta.

A Juan Luis.

 

Encarnación Páez Alba

Alma Errante

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