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El mundo sin ley

“Las leyes son silenciosas en tiempos de guerras”

He querido comenzar mi reflexión marciana de hoy con esta acertada máxima del ínclito Cicerón, perfectamente aplicable a las guerras sin reglas de las que estamos siendo espectadores en nuestro tiempo. En épocas de belicismo la única ley es la estrategia del más fuerte, la violencia descarnada, el asesinato indiscriminado. Tras la II guerra mundial, en 1945 se creó la Organización de Naciones Unidas para promover el diálogo, el entendimiento y el desarrollo. El Convenio de Ginebra de 1949, la Convención de la Haya de 1954, entre otros, pretendían adoptar acuerdos para evitar la barbarie, para establecer unas reglas básicas en caso de conflicto armado. Pareciere que el ser humano, tras las terribles guerras de la primera mitad del siglo xx hubiera aprendido. Vana ilusión. Llegaron la guerra de Corea, la de Vietnam, la carnicería de Ruanda o la masacre en la antigua Yugoslavia, la guerra del Golfo….Y el siglo XXI con esperanzas de niño chico, cargado de tecnología, inmediatez y velocidad no se desprendió de los intereses bélicos. El 11 de septiembre del 2001 marcó un antes y un después en la forma de asaltar países: surgió la guerra preventiva como método de atacar antes de ser hipotéticamente atacados. Desde ese momento, las teorías conspiranoicas se impusieron para avalar cualquier tropelía internacional. Casi todos recordamos la famosa foto de las Azores que inmortalizó la alianza de Bush, Blair y Aznar para justificar una invasión por la existencia de armas de destrucción masiva imaginarias. Las armas no estaban, el petróleo, sí. Porque, como dice magistralmente Eduardo Galeano“Las guerras mienten.Ninguna guerra tiene la honestidad de confesar: yo mato para robar”

Y suma y sigue hasta el día de hoy. Hemos asistido en los últimos años a un genocidio televisado, retransmitido casi en directo, un exterminio por bombardeos y hambre del pueblo gazatí sin reacciones contundentes por parte de la mal llamada comunidad internacional. Israel y Estados Unidos, con dos malvados ultraderechistas a la cabeza han decidido propinar una patada a las enclenques reglas de derecho internacional y se han aliado para atacar Irán. El primer objetivo fue una escuela de niñas que quedó arrasada con sus ocupantes. Lo más indignante de todo este teatro macabro es que los muertos no importan a nadie, incluidos todos y cada uno de nosotros. Estamos escandalizados por la subida de los carburantes, de los fertilizantes, pero los asesinados nos son indiferentes. Por cierto, me cuesta trabajo creer que los precios se dispararan automáticamente tras el comienzo de la guerra por esta causa. Más pareciera que los buitres de la especulación capitalista extendieran sus alas en espera de la carroña futura.

Yo no quiero un mundo así, no. Deseo paz y alegría, fraternidad y esperanza.

“La fuerza siempre atrae a los hombres de baja moralidad”

Albert Einstein

Porque hoy sigue siendo martes, te deseo mucho ánimo y mucha fuerza para encontrarle sentido a este peligroso disparate.

A los seres que iluminan el camino, tan oscuro de un tiempo a esta parte.

 

Encarnación Páez Alba

Alma Errante

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