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El despertar del mal

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«La patria es el último refugio de los canallas». 

 He querido comenzar mi reflexión marciana de hoy con esta frase atribuida a Samuel Johnson porque empiezo a tener miedo. Hay momentos en la historia en los que callar es empezar a ser cómplice. Cuando jóvenes cantan el Cara al sol y hacen el saludo nazi en la Puerta del Sol, cuando organizaciones ultraderechistas exhiben su ideología sin complejos y cuando la bandera española se utiliza para justificar el odio, la democracia tiene la obligación de reaccionar.

¡España no es patrimonio de los fascistas!

Núcleo Nacional debe ser investigado rigurosamente y, si se acreditan las causas legales para ello, ilegalizado. No podemos permitir que organizaciones que promueven el odio utilicen las libertades democráticas para amenazar los derechos de los demás. La tolerancia no significa aceptar la intolerancia como si fuera una opción más.

Y resulta imposible ignorar una contradicción indignante: mientras se producen cargas policiales contra estudiantes que defienden la educación pública en la Universidad Complutense de Madrid, con cinco detenidos y varios heridos, las exhibiciones de simbología fascista y las provocaciones ultraderechistas parecen recibir una respuesta que muchos ciudadanos consideran insuficiente. Las cargas del 14 de octubre han provocado una investigación policial y exigencias de responsabilidades.

¿Con qué autoridad moral se exige respeto al orden público si no se garantiza con el mismo rigor el respeto a los derechos fundamentales de todos? La actuación policial debe ser proporcional, neutral y sometida a control. Exijo que se esclarezcan las cargas contra los estudiantes y que se sancione a los agentes y mandos cuya responsabilidad quede acreditada. Protestar por la educación pública no puede convertirse en motivo para recibir un trato desproporcionado.

También deben depurarse responsabilidades por los comportamientos de determinados legionarios que, según las informaciones publicadas, jaleaban consignas políticas durante los actos del 12 de octubre. Al lado del incomprensiblemente no juzgado aún, Vito Quiles. El uniforme no puede utilizarse como instrumento de provocación partidista. Si se demuestra que vulneraron sus obligaciones de neutralidad y disciplina, deben imponerse las sanciones correspondientes.

Y lo denunciado en Ceuta resulta todavía más grave. Los audios difundidos sobre presuntas agresiones a inmigrantes, con expresiones que trivializarían la violencia, exigen una investigación exhaustiva. Si se prueban las palizas o los malos tratos, sus responsables deben afrontar sanciones disciplinarias y penales, sin privilegios ni encubrimientos. Ningún uniforme concede impunidad. Ninguna persona pierde su dignidad por ser migrante.

Mientras algunos se envuelven en la bandera, olvidan que España también pertenece a los exiliados, a las víctimas de la dictadura, a quienes sufrieron la persecución y a quienes hoy defienden los derechos humanos. También debemos exigir coherencia en nuestra memoria histórica: las vías de nacionalidad para descendientes de españoles exiliados dejaron fuera a muchas personas, mientras que una legislación específica permitió a determinados descendientes de sefardíes expulsados hace cinco siglos obtenerla. Reparar una injusticia no debería significar ignorar otras.

Ser antifascista no es odiar a España. Es negarse a entregársela a quienes confunden patriotismo con supremacía, autoridad con abuso y libertad con impunidad. La bandera no pertenece a quienes más gritan, sino a toda la ciudadanía, también a quienes discrepan, protestan y exigen justicia.

No hay democracia plena si se golpea al estudiante que protesta, se humilla al inmigrante o se mira hacia otro lado ante la exaltación del fascismo. La ley debe proteger a todos y exigir responsabilidades a todos, independientemente de su ideología, uniforme u origen.

El mal no siempre regresa con fusiles. A veces vuelve cantando himnos, levantando el brazo y escondiéndose tras una bandera. Y cuando la indiferencia lo normaliza, ya no basta con lamentarse.

España merece una democracia valiente, no una patria secuestrada por el odio. Y frente al fascismo, los abusos de poder y la impunidad, el silencio nunca puede ser la respuesta. Ha llegado la hora de tomar partido.

«El fascismo se cura leyendo y el racismo se cura viajando». 

Miguel de Unamuno

Porque hoy sigue siendo martes, te deseo mucho ánimo y mucha fuerza en este tiempo de riesgo democrático.

A los que hacen poemas mirando al sol…

 

Encarnación Páez Alba

Alma errante

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