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La izquierda y la democracia

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Asentada la democracia en un país sensato que había salido de un periodo al que unos llamaban oscuro y otros necesario empezó a oír las voces y solicitudes de quienes aseguraban que con sus teorías y ejecuciones de planes mejorarían el bien común de los demócratas.  Al principio la democracia no les prestaba atención. Observaban los demócratas que allí donde habían entrado las izquierdas los gobiernos se habían estropeado, el bien común se había deteriorado y los pilares de la democracia se habían destruidos. El resultado era la existencia de regímenes oscuros en los que se estigmatizaba a quienes no fueran del pensamiento único impuesto, curiosamente, a través de la pluralidad de pensamientos que ya habían quedado atras. Las izquierdas empezaron por la educación. El docente es uno mas de la clase. Hay que bajarlo de la tarima. Sobre la tarima se presenta como alguien sobre el resto de ocupantes del aula que son más jóvenes que el docente, amen de carecer de los conocimientos del que enseña. Una vez puesto el docente a la altura de los aprendices, era necesario introducir un elemento mas de distorsión en la enseñanza. La opinión de los padres en cuanto a la forma de educar. El efecto es devastador. Los años de esfuerzo y estudios del docente quedan enterrados por haber sido igualado con los aprendices y sometido a los padres de sus alumnos que carecen del sentido vocacional que la enseñanza requiere limitándose su actuación a la protección de los hijos frente al profesor, que la ha tomado con su hijo. El esfuerzo necesario para todo aprendizaje es sustituido en la enseñanza por la apología de la libertad y el cambio en la forma de aprender que condicionara la forma de enseñar, pues los aprendices no van a la escuela a aprender sino a ser felices. Un cambio radical que paulatinamente deseducará a la sociedad haciéndola ignorar las posibilidades que el esfuerzo, la educación, la formación y el conocimiento producen en el bien común. Pero las izquierdas no quieren eso. Mantienen a los ciudadanos en un estado en el que los políticos hablan, pero no dicen, los centros de enseñanza, enseñan a ignorar, los medios de comunicación desinforman y los ciudadanos votamos, pero no elegimos. Hoy el ciudadano aletargado por el bienestar efímero es esclavo de quien no diciendo nada lo embauca en ideas utópicas que con el tiempo serán las que arruinen moral y económicamente a la sociedad. Es entonces cuando nos damos cuenta que quienes entraron en nuestra democracia prometiendo conceptos que ya existían y que los teníamos asumidos como nuestros nos hicieron creer que eran suyos hasta el extremo de que cuando las consecuencias de la falta de aplicación de esos principios producen carencias en nuestra sociedad la culpa no es de la izquierda sino de los que no piensan como ellos. Desconocen desde su pensamiento único que la solución a los problemas sociales requiere un compromiso social del conjunto de ciudadanos cualquiera que sea su ideología pues lo que importa es remar todos en el mismo sentido. Pero en la actualidad los pensamientos y la ideología aplicadas por el actual gobierno convierte al que no piense como él, no en adversario al que hay que convencer y/o trabajar con él, sino que lo convierte en un enemigo al que hay que exterminar. Uno es el bueno, el otro, el malo. En estos casos la contradicción constante entre las palabras para embaucar, y los hechos reales de quienes se han apropiado y ejecutan el poder hacen temblar al ciudadano.

Fernando Guerrero Cáceres

Ensayista

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