Creo que frente al solar calificado que fuera de la madre de Francisco de la Torre, metros arriba o abajo, al ladito de Sacaba Beach, con una universidad privada, junto a tres torres de los edificios considerados de los más caros de España, y los de la Térmica a seguir; tienen acampada las autocaravanas y campers, idioma a elegir, pero no las circunstancias: boquerones que no hacen turismo, y que han encontrado ese desacomodo para vivir en remolque social, aunque ya fueron excomulgados en julio, algunos insisten en continuar en la parcela de todas las discordias urbanas.
Pasé oyendo cláxones a cincuenta y semáforos, camino de otro Concierto, ese súper afinado, pero no tuve más remedio que referirme al mal trago de ver a nuestros vecinos viviendo en esas circunstancias. Como después de la por siempre, mejor interpretación de Pepe Romero, del Concierto de Aranjuez; pase a darle un abrazo, ahí pude saludar a un afable Paco, alcalde de mi ciudad; que por cierto se había despachado y con buena voz, el debate que inició e hizo histórico Pedro Aparicio, sobre el año de la municipalidad.
Ya, de periódicos, paginan en primera, que nuestro primer edil, presumió ante los opositores de gestión, y dijo: “¿Cuándo ha estado Málaga mejor que ahora?”. La verdad es que yo recuerdo, y bastante bien, la Málaga de desastre que nos encontramos en 1979, de la que fuera jovencita autoridad como presidente de la Diputación, De la Torre. Con la primera corporación democrática de Aparicio, tuvimos que enterrar el erario, en kilómetros de saneamiento inexistente y tuberías de agua potable. Eso pasó, entre bloques en barrizales, elaborando nuestro primer Plan General, dónde se nos obligó a coser el tremendo desorden, y echar pespuntes hasta de la Cortina del Muelle.
Acabamos con las chabolas, cáncer urbano de nombradía local en sus escenarios; y entregamos la ciudad, con sus padeceres, pero profundamente ordenada, con expectativas estratégicas para trabajar en el futuro los herederos políticos; que con signos divergentes elaboraron sus aciertos y fracasos.
Después de haberme desarrollado laboralmente en los éxitos de una cooperativa de viviendas local, de aquel pasado gris; me enerva el papel de las administraciones constitucionales, las mías, en la mayor de las crisis habitacionales. Pasé de vuelta por la acampada en la Plaza de la Constitución, y venía de los campers sin camping. Aunque De la Torre recitara el poema Ciudad del Paraíso de Vicente Aleixandre ante sus opositores, y repartiera culpa en los ajenos, la Málaga desorbitada que existe, no encuentra acomodo en su ufanía.



