Todo el mundo opina. O quizá lo peor. Todo el mundo tiene tiempo para opinar. Ojo, la opinión no es sobre lo buena o mala que está la croqueta o merluza que estamos compartiendo en una reunión de amistad o de familia. No. Se opina de autos de jueces. Como si el cocimiento y aplicación de las leyes fuera algo fácil. Se sabe que en todas las ciencias dos más dos son cuatro, menos en la ciencia de aplicación del derecho. Esa famosa frase refleja que el Derecho no es una ciencia exacta, sino una ciencia social y práctica encargada de interpretar normas. Por ello, en el análisis jurídico no existen respuestas matemáticas absolutas: el resultado depende de la interpretación, los hechos concretos y el criterio del juez. El juez tiene una formación legal y una experiencia suficiente para saber de leyes y sus aplicaciones previo análisis de los hechos que esté juzgando.
Por cierto, es importante recordar que cinco de los siete jueces que han condenado a Abalos, Koldo y Aldama, también sentenciaron a los ministros Mata, Ratos y el caso Gürtel del Partido Popular. Pues bien, llega un lenguaraz superdotado, y ante un medio de comunicación, cualquiera que quiera escucharlo, se pone en el rol del juez y zasca, da su opinión, en la mayoría de las veces sin haberse leído el auto completo, solo la sentencia y medidas cautelares que en función de la empatía que el lenguaraz superdotado tenga con el enjuiciado, la sentencia le gustará o saldrá a criticarla. Los tiempos que nos ha tocado vivir son propios de lenguaraces superdotados que lo único que pretenden es confundir al oyente con sus ruidos. A veces, y esto es lo preocupante, los lenguaraces ocupan puestos importantes como por ejemplo Bolaños. Lenguaraz y capaz de cambiar el relato según le convenga, aunque sea de la justicia, antes cuando el cooperador de la justicia haca caer los pilares del Partido Popular, por existir corruptelas inconfesables, decía que el gobierno apoyaría a todo el que colaborara con la justicia. Hoy, como el colaborador de la justicia hace caer los pilares del Partido Socialista Obrero Español, lo tacha de corruptor. Cambia el relato una vez más. Quien corrompe es el que tiene el poder. Doble vara para medir.
Incapaces de dejar hacer a los profesionales y esperar sus resultados, asumen el papel critico o adulador con la única finalidad de hacer ruido en favor o en contra de a quien afecte el contenido de lo juzgado. Las comas y puntos, también.
Quien desde el poder pretende crear muros, corre el riesgo de quedar encerrado entre ellos.
En una de sus más conocidas y provocadoras frases ya lo advertía el filósofo español José Ortega y Gasset. Parte del concepto de que "ser de izquierda es, como lo es ser de derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil; ambas, en efecto, son formas de la hemiplejía moral". Ortega utilizó este neologismo, la "hemiplejía moral", para criticar el sectarismo y el dogmatismo. Su razonamiento principal se divide en dos puntos: La parálisis de perspectiva: Así como una persona con hemiplejía sufre una parálisis motora que le impide mover la mitad de su cuerpo, el fanatismo político inmoviliza la mitad del cerebro. Impide ver la realidad de manera amplia y obliga a rechazar cualquier argumento o virtud si proviene del bando contrario. La estupidez voluntaria: Para el filósofo, abrazar ciegamente una etiqueta ideológica significa renunciar a pensar por uno mismo. Convierte al individuo en un autómata que repite los dogmas de su tribu, en lugar de analizar los problemas complejos con una visión crítica y abierta. En esencia, la frase es un alegato a favor del pensamiento crítico, independiente y libre de ataduras partidistas, advirtiendo que ninguna ideología es inmune a la ceguera y la estupidez cuando se convierte en un dogma.
O estás conmigo, o contra mí. En esta tesitura quiere el gobierno que nos encontremos los ciudadanos. Nosotros tenemos capacidad de decisión. Que no nos manipulen.





