«El precio de desentenderse de la política es ser gobernado por los peores hombres.»
He querido comenzar mi reflexión mercuriana de hoy con esta frase de uno de los máximos exponentes del pensamiento clásico, siempre vigente: Platón.
Hay días en los que la actualidad parece empeñada en recordarnos que los verdaderos problemas de un país son las desgracias que lo aquejan o asolan, pero también la forma en que quienes tienen la responsabilidad de evitarlas o afrontarlas reaccionan ante ellas. El incendio de Los Gallardos, las polémicas declaraciones de Mariano Rajoy sobre la selección francesa y la condena de David Sánchez por prevaricación dibujan tres escenas distintas con un denominador común: la instaurada costumbre política de no asumir responsabilidades.
Los Gallardos: la política que llega cuando el monte ya es ceniza y cuerpos calcinados.
Cada verano se repite la misma secuencia. Primero llegan las llamas, después la angustia de los vecinos, el trabajo heroico de los equipos de extinción y, finalmente, la romería institucional entre cámaras de televisión y promesas de que "se investigará lo ocurrido". Este verano lamentablemente ha comenzado con una tragedia humana histórica por el número de fallecidos. Lo verdaderamente preocupante es que, año tras año, la prevención continúa siendo la gran olvidada. La gestión forestal no puede reducirse a desplegar helicópteros cuando el incendio ya es incontrolable. Empieza mucho antes: con limpieza de montes, mantenimiento de cortafuegos, inversión en personal estable y planificación seria. Cuando esas tareas fallan, el fuego deja de ser únicamente una catástrofe natural para convertirse también en el reflejo de una administración que ha preferido gestionar la emergencia antes que evitarla. Los profesionales de la extinción vuelven a demostrar su compromiso; quienes diseñan las políticas públicas tienen bastante más difícil justificar el suyo. Y es que la gestión irresponsable, la que patrocina el urbanismo salvaje, ignora la despoblación y deja de apoyar los modos de vida tradicionales MATA.
Rajoy y el descubrimiento de que sólo los blancos pueden ser franceses
Mariano Rajoy siempre ha tenido un talento especial para dejar frases memorables, aunque no siempre por las razones que probablemente pretendía. Su comentario cuestionando la condición de "franceses" de varios jugadores de la selección gala parece más propio de un debate del siglo xix que de una Europa construida precisamente sobre la diversidad.
La selección francesa simboliza una realidad que algunos parecen incapaces de aceptar: las naciones modernas no se definen por la homogeneidad étnica, sino por una ciudadanía compartida. Convertir un partido de fútbol en una discusión sobre purezas nacionales no engrandece a quien lo plantea; simplemente revela una visión demasiado estrecha del mundo y un racismo que la derecha no sólo no oculta, sino que enarbola como estandarte compartido con su alter ego, la ultraderecha.
La condena de David Sánchez y la obligación de responder
La condena de David Sánchez a nueve años de inhabilitación por un delito de prevaricación administrativa constituye un golpe político de enorme alcance. La sentencia, que aún no es firme, obliga a reflexionar sobre algo que trasciende el caso concreto: la ejemplaridad en el ejercicio del poder y la necesidad de que las instituciones estén libres de cualquier sospecha de trato de favor, aunque en este país la derecha lo haga con la naturalidad de su rancio abolengo y la impunidad de quien controla los poderes fácticos del Estado. Durante meses, se defendió que todo respondía a una campaña política o mediática..La confianza de la gente en las instituciones no depende únicamente de que se respeten las leyes; también exige que quienes ejercen el poder comprendan que la apariencia de imparcialidad es casi tan importante como la imparcialidad misma. Cuando esa confianza se erosiona, pierde toda la democracia. La mujer del César…….
Porque los incendios pueden apagarse, las polémicas acaban olvidándose y las sentencias podrán confirmarse o revocarse en instancias superiores. Lo que acaba herida de muerte es la credibilidad de unas instituciones que solo funcionan plenamente cuando los ciudadanos comprueban que las reglas son iguales para todos.
«La responsabilidad es el precio de la grandeza.»
Winston Churchill
Porque hoy sigue siendo miércoles, te deseo mucho ánimo y mucha fuerza en estos tiempos de incendios, torpezas y ausencia de responsabilidad política.
A los que apagan los incendios, piensan lo que dicen y asumen sus responsabilidades.



