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Fuego en la patria

«En España, de cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa”

He querido comenzar mi reflexión mercuriana de hoy con esta máxima de D. Antonio Machado porque hay frases que envejecen mal. Y otras que, por desgracia, siguen haciendo horas extra.

Cada verano España arde. Ya no es una metáfora. Arden los pinares, las dehesas, los olivares, los parques naturales y, con ellos, una parte de nuestro futuro. Lo extraordinario ya no son los incendios. Lo extraordinario es que todavía haya quien se empeñe en discutir por qué ocurren.

El negacionismo climático ha encontrado una fórmula mucho más inteligente que negar la realidad: ignorarla. Ya casi nadie se atreve a decir que el cambio climático no existe. Ahora simplemente se gobierna como si no existiera. Es una forma de negación más refinada, menos ruidosa y bastante más peligrosa.

La ciencia lleva décadas avisando. Los veranos son más largos. Las olas de calor baten récords con la misma facilidad con la que algunos políticos baten récords de ocurrencias. Llueve menos, hace más calor y los bosques acumulan meses de estrés hídrico antes de convertirse en una inmensa caja de cerillas. No es ideología. Es física.

Pero la física tiene un enemigo formidable: la propaganda.

Mientras los termómetros se disparan, la derecha española sigue librando una guerra cultural contra el enemigo equivocado. Un día es la Agenda 2030. Otro, las zonas de bajas emisiones. Después llegan los molinos de viento, los coches eléctricos o cualquier otra conspiración de temporada. Es una estrategia eficaz: si consigues que la gente discuta sobre fantasmas, nadie preguntará por los presupuestos.

Los incendios forestales no empiezan cuando aparece la primera llama. Empiezan meses antes, cuando se recorta la inversión en prevención, cuando las brigadas forestales sobreviven enlazando contratos temporales, cuando limpiar montes deja de ser una prioridad política y cuando gestionar el territorio se sustituye por cruzar los dedos esperando que no pase nada.

En demasiadas comunidades gobernadas por el Partido Popular la política forestal parece inspirarse en el viejo refrán de Santa Bárbara: solo se acuerdan de ella cuando truena. O cuando arde.

Y entonces empieza el teatro.

Comparecencias solemnes. Chalecos reflectantes. Promesas de que "se investigarán las causas". Agradecimientos emocionados a unos profesionales que llevan años reclamando más medios. Minutos de silencio. Declaraciones institucionales. Mucha solemnidad y muy poca memoria.

Porque las llamas tienen una virtud democrática: dejan al descubierto las mentiras.

Quizá haya llegado el momento de dejar de llamar "catástrofes naturales" a lo que cada vez se parece más a un fracaso político.

Porque los incendios los provoca una chispa.

Las grandes tragedias, casi siempre, las provoca quien decidió que prevenir salía demasiado caro.

 Porque hoy es miércoles te deseo mucho ánimo y mucha fuerza en estos tiempos infernales.

A los que quieren ver la realidad.

Encarnación Páez Alba

Alma errante

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