Durante el reciente Campeonato Mundial de Fútbol celebrado en Estados Unidos, México y Canadá, circularon en la redes sociales (o antisociales) ciertos comentarios afirmando (con bienintencionado humor de cliché pretérrito, lega candidez o malintencionada xenofobia) que algunas selecciones de países del Viejo Continente parecían más bien representaciones balompédicas de naciones africanas.
La gran mayoría de estas apostillas desaprensivas provenían de Iberoamérica. Un caso llamativo fue el de una senadora paraguaya (cuyo nombre no merece la pena ser recordado) que tras la eliminación del combinado de Paraguay profirió insultos racistas contra el capitán del equipo galo, con la consiguiente vergüenza y rechazo de los demás legisladores guaraníes que la dejaron completamente sola en sus diatribas chovinistas.
Vamos a explicar entonces, con sencillez, el porqué de la multiculturalidad y diversidad racial del fútbol europeo (para quienes no viven en Europa y desconocen su actual realidad sociocultural).
Al término de la Segunda Guerra Mundial, Europa quedó completamente devastada y su rápida reconstrucción fue posible gracias a dos factores: los recursos económicos provenientes del Plan Marshall que proporcionó el Gobierno de Estados Unidos y la mano de obra que llegó de las antiguas colonias; en especial del África francófona y anglófona, pero también de Asia y el Caribe. Por este motivo, ya existe en muchos países europeos una cuarta generación de inmigrantes cuyos padres y abuelos nacieron en suelo continental francés, inglés, holandés, belga, suizo o español y que son tan franceses, ingleses, holandeses, belgas, suizos o españoles como aquellos que poseen apellidos vernáculos que se remontan tiempo atrás. La presencia de estos “europeos de nuevo cuño” es vital para hacer frente al envejecimiento poblacional y la baja natalidad que en los últimos años se registra en esta parte del mundo.
En segundo lugar, hay que aclarar que el camino para llegar al fútbol profesional, tanto masculino como femenino, empieza en la tierna infancia, en las divisiones inferiores. Y desde ese momento ya se percibe una gran diversidad étnica en el fútbol base, actividad que aleja a los jóvenes de los problemas de salud derivados del sedentarismo, y de los riesgos del ocio improductivo que los puede llevar a situaciones de adicciones negativas.
Y en el fútbol, al igual que en cualquier deporte de competición, quienes ostentan la titularidad son los mejores, independientemente de su color de piel o sus creencias religiosas. Según un estudio de la Real Federación Española de Fútbol, solamente el 1% de quienes se inician en las categorías inferiores del fútbol llega a jugar profesionalmente. Sin lugar a dudas, los futbolistas que integran las selecciones absolutas de estos países son “la flor y nata” del llamado “deporte rey”; se han ganado el puesto gracias a sus méritos propios, y no por ningún tipo de “discriminación positiva”.
Al día de hoy, nadie pondría en duda que los jugadores del equipo nacional de baloncesto de los Estados Unidos (conocido como el “Dream team”), en su gran mayoría afroamericanos, no representan con naturalidad veracidad al país fundado hace 250 años por George Washington, Thomas Jefferson y Benjamín Franklin. Lo mismo podría decirse de las “gacelas de ébano” del equipo olímpico de atletismo, como Sha'Carri Richardson o Gabby Thomas, consideradas tan estadounidenses como la marcha de “Barras y estrellas” o la celebración del Día de acción de gracias. Quien todavía no lo tenga claro, puede llegar a entender el porqué leyendo la novela “Raíces” de escritor Alex Haley.
En resumidas cuentas, la realidad sociocultural de la Europa actual, principalmente de los países de la Unión Europea, en todos sus aspectos (incluyendo el deportivo) está impregnada por la diversidad cultural y racial. Trabajando adecuadamente el proceso de integración, y combatiendo los bulos y la desinformación (que ya están tipificados como “delitos de odio”) esta situación nos enriquece, construyendo un espacio físico y mental de convivencia que puede hacer de la UE uno de los faros que alumbre el camino de la humanidad.



