Juanma Moreno lleva años construyendo un relato de liderazgo, éxito y transformación de Andalucía. Nos habla de una comunidad que avanza, que lidera, que ha dejado atrás sus complejos y que ya puede mirar de tú a tú a las regiones más desarrolladas de España. El último informe PISA lo pone frente al espejo. Y la imagen que devuelve ese espejo está muy lejos de su propaganda.
La realidad es que Andalucía sigue a la cola en educación. Estamos por debajo de la media española en Matemáticas, Ciencias y Lectura. Y no solo seguimos abajo, sino que hemos empeorado respecto a 2022 en las tres competencias evaluadas.
PISA 2025, sin embargo, no puede analizarse como si Andalucía viviera aislada del mundo. Cinco de cada seis países de la OCDE han empeorado sus resultados educativos, especialmente en lectura y matemáticas. España también ha retrocedido, y lo ha hecho más que la media de los países desarrollados.
Existe, por tanto, un problema mucho más amplio sobre el que merece la pena reflexionar. Expertos de todo el mundo están intentando entender qué está ocurriendo con el aprendizaje de nuestros jóvenes: la irrupción de las nuevas tecnologías, el peso de las redes sociales, la pérdida del hábito de lectura, las dificultades de concentración, los cambios sociales o las consecuencias que todavía arrastramos de la pandemia forman parte de un debate que tenemos la obligación de abordar con rigor.
Negar ese contexto sería un error. Convertirlo en una excusa para no asumir responsabilidades sería otro todavía mayor.
Porque todos esos fenómenos afectan también a otras comunidades autónomas y, sin embargo, Andalucía continúa en el furgón de cola del sistema educativo español. Y ahí es donde se derrumba el relato de Juanma Moreno.
Puede repetir todas las veces que quiera que Andalucía lidera, que somos referencia o que ya miramos de tú a tú a las comunidades más avanzadas. Pero un liderazgo no se proclama. Se demuestra. Y pocas cosas dicen tanto sobre el presente y el futuro de una tierra como la educación que reciben sus niños y jóvenes.
Tampoco estamos hablando únicamente de nuestra posición en España. Andalucía se sitúa alrededor de 20 puntos por debajo de la media de la OCDE en Matemáticas, Ciencias y Lectura. Una distancia enorme cuando hablamos de competencias fundamentales para el futuro de una generación.
Esta es la Andalucía que no aparece en los vídeos promocionales del Gobierno andaluz.
Ante estos resultados, la respuesta de la consejera de Educación, Carmen Castillo, ha sido responsabilizar a las distintas leyes educativas aprobadas por los gobiernos de España. Pero esas leyes son las mismas para todas las comunidades autónomas. Andalucía tiene competencias en educación, tiene presupuesto y tiene capacidad para decidir sus prioridades.
Y cuando se realizaron estas pruebas, en la primavera de 2025, Juanma Moreno llevaba ya seis años presidiendo la Junta de Andalucía.
Gobernar consiste también en asumir responsabilidades cuando las cosas no van bien.
Resulta especialmente llamativo recordar lo que decía el propio Moreno Bonilla cuando estaba en la oposición. Ante unos malos resultados de PISA exigía a la entonces presidenta Susana Díaz que hiciera “autocrítica” ante un análisis que él mismo calificaba de “durísimo y demoledor”.
¿Qué ha sido de aquella autocrítica?
Cuando gobernaban otros, PISA era responsabilidad de la Junta de Andalucía. Ahora que gobierna Juanma Moreno, la culpa siempre parece estar fuera. La responsabilidad política no puede depender del lado del Parlamento en el que uno se siente.
Y tampoco podemos separar estos resultados de las decisiones adoptadas durante estos años: el cierre de miles de aulas públicas, las ratios, la atención a la diversidad, la disponibilidad de profesorado o las infraestructuras educativas. Todo ello acaba llegando al aula y condicionando la atención que recibe cada alumno, especialmente quien más apoyo necesita.
Pero PISA debería servirnos para algo más que para intercambiar reproches.
Andalucía necesita abrir un debate serio sobre su educación. Precisamente porque estamos ante transformaciones globales profundas, necesitamos analizar qué está ocurriendo en nuestras aulas y qué debemos hacer para responder a ellas.
El PSOE de Andalucía ha propuesto impulsar un gran acuerdo educativo y crear un grupo de trabajo en el Parlamento con docentes, familias, alumnado y el conjunto de la comunidad educativa. Escuchar, diagnosticar y acordar soluciones con acento andaluz.
No podemos resignarnos a ocupar permanentemente los últimos puestos. Andalucía tiene capacidad, talento y recursos suficientes para estar mucho más arriba.
Pero para cambiar la realidad, lo primero es reconocerla.
PISA ha puesto a Juanma Moreno frente al espejo. Puede buscar excusas y seguir alimentando la propaganda o puede hacer aquello que él mismo reclamaba cuando estaba en la oposición: autocrítica.
Y empezar a cambiar la realidad en lugar de dedicarse a venderla.




