El Gran Combo de Puerto Rico, la afamada agrupación de música salsera, decía en una de sus canciones: “Si el año pasado tuvimos problemas, quizás este año tengamos más”. Y, en efecto, si en el 2025 la comunidad internacional asistió estupefacta a las locuras y bravuconadas del actual presidente estadounidense que pusieron de revés a la economía global, este 2026 empezó con una situación de absoluto esperpento: la captura del Jefe del Gobierno venezolano y su traslado a una cárcel newyorkina.
Como si se tratase de Napoleón Bonaparte llevando obligado a Fernando VII hasta París para hacerse con el control de España, Donald Trumpo dio luz verde al plan ideado por sus asesores (a él no se le ocurre nada, solo aprueba aquello de lo cual lo convencen sus consejeros de turno) de capturar a Nicolás Maduro para ser juzgado en territorio de los Estados Unidos por delitos de “narcoterrorismo”.
Al día de hoy, pocos dudan de que Edmundo González no fue el ganador de las últimas elecciones presidenciales venezolanas, pero esto no legitima ninguna acción como la que se vivió esta semana en Caracas. Además, tal como lo aseguran los analistas, la detención de Maduro no va a traer consigo un cambio de régimen. Todo lo contrario, deja a un chavismo acéfalo abocado a enfrentamientos internos que intentará ganar tiempo dándole al mandatario estadounidense lo que realmente quiere: acceso a las reservas de petróleo crudo de la nación sudamericana, sin que se vislumbre a corto plazo el retorno de una democracia real a la patria de Simón Bolívar.
El actual inquilino del Despacho Oval es a la vez un craso ignorante, vendedor de humo, bocazas, megalómano mitómano e ingenuo pueril. Cada día anuncia sus descabelladas ocurrencias a través de las “redes antisociales” haciendo creer a una gran parte de la humanidad que puede saltarse la leyes y internacionales a su antojo. En su primer mandato estas ocurrencias provocaban risas, pero ahora causan miedo.
Después de finalizada la Segunda Guerra Mundial, estadistas de todo el orbe llegaron a diversos acuerdos para que no se repitiese esa barbarie: se creó la Organización de las Naciones Unidas, se aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y se estableció la Corte Penal Internacional, entre otras iniciativas.
Debido a lo anterior, no es posible creer que de manera unilateral un solo mandatario, con ínfulas de reyezuelo pagano, puede desconocer y desbaratar todo el entramado de las relaciones internacionales creado para lograr una convivencia pacífica y armoniosa entre los diferentes pueblos y naciones.
Tal como decía el escritor británico Charles Dickens: “los peores tiempos pueden ser también los mejores tiempos”.

