Solo puede ser realizada por malos políticos. Ésta es nuestra situación. La influencia de la mala política que está sufriendo nuestra sociedad afecta lo más profundo de ella. La aptitud de quienes viven y se desarrollan en su seno. Una mala política contribuye a la humanización de los animales, especialmente las mascotas de los hogares, y a la deshumanización del individuo. La bondad frente al animal se convierte en ira hacia el vecino al que se considera por el mero hecho de no pensar igual como un enemigo. Un informe de AIRef alerta de la cantidad de bajas laborales que existe y de la incapacidad para su control. En la actualidad, la precaria situación económica de los trabajadores así como la desfachatez de unos políticos que frivolizan sobre los propios comportamientos presuntamente delictivos y tratan a la ciudadanía como si fuera tonta hace que la picaresca de las bajas sirva como complemento a la precariedad laboral y como venganza frente a quienes, el ciudadano, considera que se lo están llevando calentito. Considera la AIRef que el incremento ha aumentado de forma genérica, que obedece al mismo ciclo económico y a una regulación laboral más protectora para los trabajadores. Pero como siempre, existen diferencias. El sector público se lleva la palma. Es donde más bajas laborales existen y constituyen, por su dudosa veracidad, el aumento del absentismo laboral. No nos extrañemos. Si los mediocres políticos se enriquecen de todo tipo, ¿por qué un ciudadano de a pie no va a engañar a la Seguridad Social? Si un político compra una vivienda de protección social haciendo trampa, ¿qué más da? Una mala política hace que el ciudadano tenga sensación de abandono en todo menos en las sanciones. Una mala política destruye las infraestructuras públicas por no invertir en ellas, pues el dinero público lo usan en beneficio propio. Véanse no solo las vías férreas, sino las carreteras, las presas de los pantanos o los colegios, que se encuentran mucho de ellos en lamentable estado. Una mala política destruye el pilar fundamental de la sociedad, la educación para hacer de los ciudadanos gañanes sumisos y dirigirlos hacia donde el poder quiera. Dicen que en una Universidad de Sudáfrica está el siguiente mensaje para reflexión de los estudiantes: Para destruir una nación no se requieren bombas atómicas o misiles de largo alcance. Solo se necesita bajar el nivel de educación y permitir que se copie en los exámenes. Las consecuencias las estamos sufriendo en nuestra sociedad en aspectos tan esenciales como la seguridad social, el dinero público desperdiciado, el humanismo destruido por la política y la justicia aplicada por quienes carecen de la formación adecuada. Nada que ver nuestra sociedad por otras en las que la administración del dinero público está en manos de quienes no viven de la política y a la que consideran el banderín del servicio público. Que contradicción tan grade entre los casos de corrupción de nuestra sociedad y la de aquellos que piensan que el cargo público es prestado, es pasajero y su ejercicio ofrece la oportunidad de enseñar lo mejor de nosotros en el convencimiento de servir a los demás.
