“El imperio es el comercio”
He querido comenzar mi reflexión marciana de hoy con esta frase del inglés Joseph Chamberlain, Secretario de Estado para las colonias. Ha pasado más de un siglo desde su muerte y la base del imperialismo está más vigente que nunca. Ningún afán expansionista ha tenido como fin último el humanismo o la generalización de derechos y libertades y mucho menos la erradicación de la pobreza y las desigualdades. Alejandro Magno, Julio César, Genghis Khan, los Reyes Católicos, Napoleón o Hitler no pretendían salvar al mundo conocido o desconocido; todos ellos, como representantes de grandes civilizaciones expansionistas, aspiraban a extender las alas de su poder allende sus fronteras y apropiarse de las riquezas naturales y comerciales de los territorios invadidos y expoliados, hacer caja, en definitiva. A lo largo de la historia se han producido grandes revoluciones sociales, económicas y tecnológicas, pero el poder supremo sigue siendo una golosina indeclinable; el autoritarismo caprichoso, cruel y desalmado ha arraigado tan profundamente en la sociedad que, como recidiva inmortal, se ha convertido en una hidra invencible. La dignidad, la paz,la libertad, la solidaridad y el amor fueron la bandera de las revoluciones pacifistas, preconizadas por Gandhi y continuadas con los movimientos hippies de los años 60 y 70 del siglo pasado…
En la era de la in-comunicación, des-información y conexión perpetua, el imperio se muestra sin pudor alguno; Donald Trump, jaleado por sus secuaces y sostenido por los cómplices mundiales del populismo más burdo, se coloca la estrella de sheriff, se autoproclama emperador y comienza la expansión de su ego superlativo. El drama sostenido en Gaza tras el ficticio plan de paz o el vodevil de Venezuela nos muestran el papel mojado en el que se ha convertido el derecho internacional. Las reglas básicas post segunda guerra mundial son dinamitadas por Rusia, Israel y Estados Unidos para despejar el camino de la más pura autocracia. Xi Jinping y Kim Jong-un acechan expectantes, el primero como representante del próximo imperio y el segundo enrocado en su naturaleza cuasi divina.
El mundo se polariza, inestable y convulso y nosotros, atónitos pero conformistas, nos vemos arrastrados por los interesados vientos de guerra. En nombre de la libertad se cometen los más grandes atropellos…El trumpismo lanza amenazas a Colombia, Cuba o Irán y comienza la anexión de Groenlandia. Mientras, Europa agoniza, aquejada de tibieza política y burocracia estructural, incapacitada para defender la democracia como régimenmenosmalo. Los últimos estertores aparecen en medio de una crisis migratoria aguda y acuerdos comerciales en franca competencia desleal con sus estados miembros.
“A los imperios no los derriba nadie. Se pudren por dentro, se caen solos” Rodolfo Walsh.
A la espera de la caída, te deseo mucho ánimo y mucha fuerza en estos tiempos de infortunio mundial.
A los que siguen creyendo en el amor como la solución.