El inicio del presente curso escolar 2026/2027 ha coincidido con la publicación del último informe trienal que elabora el Programa Internacional para la Evaluación de los Estudiantes (PISA, por su sigla en inglés), el cual analiza el desarrollo de las competencias matemática, científica y lectora del alumnado de más de 80 países en edad de concluir la enseñanza secundaria obligatoria (alrededor de los 15 años). En esta ocasión, sería llover mojado el repetir las lamentaciones y la búsqueda de chivos expiatorios que se ha desatado en España ante los malos resultados de dicho informe, que registra una profunda caída en los tres apartados antes mencionados entre nuestros discentes.
En lo que respecta al problema de la disminución de la compresión lectora, la solución se antoja sencilla: “se aprende a leer leyendo”. Ahora bien, ¿cómo seducir a los niños y adolescentes para que escapen de la abducción de las pantallas lobotomizantes de los dispositivos móviles? Esa es la “pregunta del millón” que no tiene una respuesta única.
Con respecto a lo anterior, una encuesta sobre hábitos de lectura respondida por más de 1.400 alumnos y alumnas de Educación Secundaria Obligatoria (ESO) y de bachillerato, fue realizada en 2025 por el Departamento de Lengua Castellana y Literatura del IES Universidad Laboral de Málaga, conjuntamente con el Programa de Organización y Funcionamiento de las Bibliotecas Escolares de este mismo centro educativo, la cual tuvo una amplia repercusión mediática. Este sondeo dejó saber que el 51% de los estudiantes había leído entre uno y tres ejemplares de lectura no obligatoria, esto es, por iniciativa propia en últimos doce meses. Mientras que el 22,3% había hecho lo mismo con cuatro o más libros de forma libre y voluntaria. En todos lo casos había resultado crucial el ejemplo y la influencia recibidos en casa.
Los jóvenes y lectores y lectoras encuestados reconocían que el acercamiento a los libros se había iniciado en el ámbito familiar, identificando situaciones como el haber escuchado la lectura de cuentos infantiles por parte de los mayores, el recibir como regalo de cumpleaños o Navidad un libro, el ver películas en familia basadas en obras literarias o el observar a sus progenitores inmersos en la lectura como actividad de ocio y placer, sirviéndoles estos de ejemplo a imitar. Y es que, sin lugar a dudas, la lectura empieza en el hogar.
A continuación viene el turno de los centros educativos. Y aunque sobre los y las profesionales de la enseñanza no puede recaer toda la responsabilidad de la orientación y formación de los lectores y lectoras, sí se enfrentan al reto de despertar en sus educandos el interés y la pasión por leer, lo cual requiere de mucho ingenio y originalidad; pues tal como lo afirma el escritor y docente francés Daniel Pennac: “leer es un verbo que no admite imperativos”.
Utilizar los clásicos literarios adaptados a los jóvenes lectores, echar mano de las novelas gráficas, recurrir a los innumerables títulos de la nueva literatura juvenil o fomentar la escritura poética, dramática, de ficción o no ficción entre los niños y adolescentes son algunas estrategias que innegablemente ayudan a propagar el placer de leer.
Es necesario destacar también la puesta en marcha del Plan de Lectura Planificada (PLP) por parte de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía, el cual contempla para las etapas de Educación Primaria y Educación Secundaria Obligatoria en los centros educativos públicos la realización de 30 minutos diarios de lectura en cada clase (2,5 horas a la semana), con el fin de mejorar la comprensión lectora y la expresión del alumnado, fomentar el placer de leer y la autonomía personal e integrar la lectura en distintas áreas y materias. Esto sería comparable en el campo de la actividad física a la realización de media hora de ejercicios durante cinco días a la semana, lo cual según los expertos contribuye a mantener una buena salud.
En resumidas cuentas, la sociedad al completo debe involucrarse en el proceso de logar que los niños y jóvenes descubran que, tal como lo asegura Irene Vallejo, la autora de la maravillosa obra “El infinito en un junco”, leer es un “acto de magia”, un “puente temporal que permite viajar en el tiempo”, “un refugio que nos salva y nos cuida” y “una fuente de empatía que nos enseña a comprender el punto de vista del prójimo y fomenta la concordia”… Y por ello no podemos permitir que la infancia y juventud actuales se pierdan de todo esto.




