La Andalucía devota de Madrugá y Morante, que nos ofrece Canal Sur, con los figurantes, Juanma y Medio, con su consejero Sanz, recetando paciencia a los desesperados en Salud No Responde, desde el callejón de la Maestranza; no se ajusta a mi carta de televidente jubilado, para alejarse del bullicio a paso de palio. Así que entre siesta y suspiro, me planto en “peplumazo”, para ver aquellos rollos queridos en la infancia, de romanos y egipcios mandones, de primero de Historia y esclavos con díscolos dirigentes.
Es cansino en Holly Week: saber de la ocupación hasta los topes en la Costa del Sol, sin AVE que les estrelle los 1.300 millones no pérdidos en sus balances; un disloque conocer los cesados por la Casa Blanca, ennegracida por el bailoteo bélico del míster Gesta Oval; ver a Ayuso chupando cámara con su jefe M.A.R., en el desembarco de los legionarios ante Neptuno y visitando la Macarena del lifting, a cuenta del erario madrileño.
Así que iba por el esclavo griego Demetrio, de la Túnica Sagrada, el Victor Mature que reconocí de peque como ser el Sansón del cine Capitol, repachingado en la cafetería Sol y Mar, con su moreno playero y rizos de brillantina, destacando en la Plaza de Queipo de Llano, que para la democracia malagueña denominamos, en mi primera corporación de Aparicio, Plaza de la Marina.
Ben Hur vence en balsa y cuadriga, le faltó ala delta en Misión Imposible, un fenómeno, pero en la siguiente entrega va de constructor de pirámides, a crear una pista de cross en las profundidades del Mar Rojo, todo para liberar los esclavos judíos de las zarpas faraónicas. Magnífico aquel Heston, devenido en guardian de arsenales USA. Aunque para levantar esclavos, mi preferido es Douglas a espadazos, quién pagó en gran parte la magnífica peli de Espartaco, sometido el oculto guionista a la “caza de brujas”.
Moisés y Espartaco, sirvieron de creencia y símbolo, a muchos devotos de la fe en las iglesias y de la liberación de los oprimidos en el comunismo. No sé, pero para no soñar, estaba leyendo a la premio Nobel, Svetlana Aleksiévich, El fin del “Homo Sovieticus”, porque aparté el periódico del día, cabreado por las iniquidades de Netanyahu. Me puse con desasosiego la máscara anti apnea, pensando en el uso más inhumanos de los nombres de los liberadores para la opresión ¡menuda Madrugá!.
