“En la solidaridad no hay piedad, sino amor”
He querido comenzar mi reflexión marciana de hoy con esta frase de Teresa de Calcuta porque, simplemente. me parece hermosa. Una vez me explicaron la diferencia entre caridad y solidaridad y fue muy ilustrativo. La caridad implica una relación vertical, en la que el donante entrega lo que le sobra, mientras que la solidaridad genera un vínculo horizontal en el que, desde la equidad y unión de fuerzas, se intenta resolver la situación de pobreza o precariedad.
Ambas son imprescindibles en el mundo que nos ha tocado vivir. El capitalismo, el neoliberalismo y el saqueo salvaje del postcapitalismo han provocado una brecha irreductible entre los millonarios que viven en guettos de lujo inexpugnables, y las clases populares que nadan diariamente en el mar de la escasez o la indigencia para intentar sobrevivir dignamente. Las diferencias se han agudizado por el cambio que se ha generado con el imperio de la tecnología. Los grandes multimillonarios de los últimos tiempos (Elon Musk, Mark Zuckenberg, Jeff Bezos) no basan sus beneficios en la producción de bienes o servicios necesarios para el ser humano: han vendido entelequias digitales y explotación laboral exprés. Y se alinean y financian a los poderes políticos y militares que están acorralando a los que les tocó la parte débil de la cuerda. Las redes sociales han sido las portadoras del tsunami de odio y racismo que pretende arrasar las estructuras de solidaridad y caridad que han sustentado el humanismo amoroso. En Estados Unidos, han implantado el ICE y le han dado poder a matones resentidos con la vida para que destrocen a familias enteras y esparzan el miedo.
En España, los innombrables empiezan a pactar en gobiernos autonómicos la división y la exclusión y el jefe se pavonea proclamando que, si llegan a ser necesarios para el gobierno de la nación, la prioridad extremeña o aragonesa se convertirá en “primero los españoles”. Y los chicos jóvenes le piden autógrafos, rogándole que los libre de las feminazis….Tengamos cordura, sentido común, lucidez y humanidad. El odio y el enfrentamiento sólo conducen a la guerra entre los débiles, a la primacía sobre los vulnerables.
Confieso que me emociona que la Iglesia Católica haya tomado partido por la defensa de la regularización extraordinaria que se está llevando a cabo; la doctrina social, la de la dignidad del ser humano, siempre me ha parecido admirable. Del oro y el boato hablaremos otro día.
Me pregunto qué gana un español pobre si dejan de atender en la sanidad a un inmigrante. El deterioro de la sanidad pública no lo provocan los extranjeros, sino los gobiernos autonómicos que se la regalan a las empresas privadas.
“La eliminación de la pobreza no es un gesto de caridad. Es un acto de justicia. Es la protección de un derecho humano fundamental, el derecho a la dignidad y a una vida decente”
Nelson Mandela
Porque hoy sigue siendo martes, te deseo mucha fuerza y mucho ánimo en los juegos del hambre que se avecinan.
A Juan Luis



