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Felipe González Battaglia Persa

En los textos del nacional-catolicismo, a los célebres autores de creencias impías, a la hora de su Parca, nos los mostraban arrepentidos recibiendo los santos óleos y, así, todos salvados. Los de mi tendencia no traficamos con la esperanza de los arrepentimientos del finado.Hace muchos años, en la Feria del Sur de Europa, mientras la trabajaba a troche y moche, aparecía como botón de encanto en la Caseta Municipal Ramón Rubial, presidente-comandante en jefe del PSOE. Nos lo acercaba de Fuengirola nuestro compañero Tomás Merino, con su terno blanco de Orquesta Topolino; la presencia de Rubial, a pesar de los graznidos feriales, daba lugar a una tertulia amable y sosegada en la que todos poníamos oídos al evangelio del más histórico de nuestros líderes.Como tengo el don del oído memorioso, podría llenar sabrosas carillas de aquellos encuentros, pero vienen al caso sus comentarios sobre el secretario general de su Ejecutiva, Felipe González, al que señalaba tan brillante y destacado que se había escapado, para el mundo mundial, de nuestra órbita doméstica.

Yo, con pocos alumbramientos, desde que tuve noticias en mi vida militante de Felipe, nuestro Cicerón de juventud, nos repetía con denuedo lo de ganar parcelas de libertad contra el franquismo; siempre creí que una persona la cual, desde sus primeras palabras en público, recibía el aplauso y clamor de aceptación, lo habíamos crecido en la terquedad de no dar nunca su brazo a torcer.

En nuestra vieja escuela, la de domesticar nuestros ideales partidarios, era cuestión de defensa común no dar ni prestar velas al entierro, bodorrio o manifestación del adversario; cuestión de clase en nuestra obrerista defensa social. De palabra, el verborreo felipista nos lo han hecho silbar como a Ulises las jaurías y editoriales contrarias; pero de hecho, nos la ha dado con queso "García Vaquero", para que quede en su tripa, asistiendo al acto pepero y compartiendo mesa y mantel con Feijóo en la recepción derechista de la señora María Corina, la santa Juana de Arco venezolana.

La lealtad es el bien más preciado socialmente. Felipe González, por camelo o figuración, estrella contra nuestro Gobierno y afinidades actuales. Si es de los nuestros, él sabrá; como ha sentenciado ZP, es causa perdida o battaglia persa, en italiano. Pero los que fuimos sus fans, ya mayorcitos, hemos desaprendido que hay seres a los que su lealtad les sirve para rebosar el ego. En su biografía postrera no figurará haber recibido los santos óleos del catecismo de Pablo Iglesias, nuestro "Abuelo".

Curro Flores

Ex concejal del PSOE en el Ayuntamiento de Málaga

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