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DEVUELVA USTED MAÑANA

Sin bigotillos, manguitos, ventanilla y olores a chimeneas de tabaco de los tiempos del Vuelva usted mañana de Larra; estaba el mostrador de la Oficina de la Agencia Tributaria de Andalucía malagueña, en Compositor Lhemberg Ruiz, el compositor del NODO y del terruño; abrazada por la Plaza de San Juan de la Cruz. Tras las revueltas en el parking, con huecos diminutos para  usos de seiscientos y columnas a tropel cual Mezquita cordobesa, pero como yo estuve  inaugurándolo, - a callar, no sigo. Me despojé de todos mis peligros, chaquetón inclusive, para pasar la frontera de seguridad, que vigilaba un guardián de tamaño intimidante de alero pivot, amable y cauto, para comprobar si usted tenía cita en la tortura de espera evitando over booking; -el gran salón, con sus doce sitialitos centrados en el patio de ¿operaciones? de la Agencia, rodeados por los dos mostradores largos de la esperanza que te toque en suerte, que seguro había dispuesto don Carlos García, titular en jefe del manejo, repuesto por la amable Carolina España, Consejera de la pasta. Puse el reloj sin cuerda, para esperar sentado que saliera la clave en la pantalla de consulta, también miraba para ver cuando se llenaban los huecos funcionariales numerados, eran las once y media a.m.; conforme nos destrozaban la mañana, con nuestra ansia de resolver la gestión tributaria que Dios confunda; ante una tardanza que superaba mucho más de lo exasperante, haciendo cundir los comentarios, y hasta las murmuraciones, más cuando un oficinista repostado al instante, llamó a resolverle sus cuitas a un ciudadano recién llegado, la España del enchufe. Tanto abuso nos hizo devolver para una nueva cita, para ver si  pillábamos en algún otro día,  por  el despiste del madrugón, a las tropas de empleados públicos más dispuestas; no sin antes acordarnos de Juanma Moreno y vomitar venablos, por la publicidad que se gasta anunciando en campañas y Canal Sur, su plan de aligerar trámites, evitar burocracias; del dicho al hecho, van sus solemnes embuste calando por su cara bonita en  todos los andaluces. Decididos, devuelva usted para mañana lo que no le dejan hacer hoy; más de dos horas perdidas, para irnos cantando bajito, porque armar el pollo, que era lo razonable, intimidaba por si te saliera el gallo  del segurata con la porra; encima a pagar más de la cuenta, así corrió  el óbolo incluido por aparcar en un hueco de veneración a mi querido frailecillo abulense, en San Juan de la Cruz.

Curro Flores

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